La sorpresa de ganar por muy poca diferencia y de perder Buenos Aires, Jujuy y cientos de municipios golpeó mucho al Frente para la Victoria.
El rostro demudado de Daniel Scioli indica la magnitud de la preocupación. Da la impresión de que el oficialismo perdió el reflejo que le permitió sobrevivir doce años: el monitoreo de cada recoveco de la sociedad, cuyas demandas insatisfechas supo detectar y satisfacer, aunque fuera con paliativos.
El escrutinio permite observar que el retroceso del oficialismo no se explica por criterios clasistas sino por la incapacidad de reconocer problemas graves. En la provincia de Buenos Aires hubo no menos de 700 mil boletas cortadas. Ayer, Aníbal Fernández acusó a "compañeros" -se supone que se trata del ministro Ricardo Casal y el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza- por la aparición en cámaras de un hampón condenado por el triple crimen de la efedrina que lo señaló como "la morsa".
Dios ciega a quienes quiere perder.
No solo perdió Aníbal en la provincia, sino que cayeron reductos que parecían inaccesibles para el macrismo como Quilmes, Lanús, Morón y Tres de Febrero.
La soledad de Scioli es agobiante. Admitió que habría balotaje horas antes de que se conocieran los datos oficiales y lo hizo con un discurso sin rumbo. Habló para La Cámpora que, aunque a regañadientes, lo había votado y apeló a una retórica que no le sienta para atacar a Macri. Dijo de su adversario lo que el kirchnerismo dice de él. Pero él necesita seducir a los votantes de Stolbizer, Rodríguez Saá y Massa, que son antikirchneristas.
Ayer, a pesar de que está fresco aún el recuerdo de su silla vacía, planteó un debate con Macri, quien lo aceptó gustoso.
Los kirchneristas sostienen una lucha intestina a 25 días de una elección decisiva.
Scioli no puede apelar al clasismo, al antiimperialismo, a los odios maniqueos por dos razones, porque ni él se lo cree. Al oficialismo le falla el GPS. Para colmo, el discurso de ultratumba que pronunció Máximo Kirchner en la madrugada solo es comparable en su desatino con la campaña de Ricardo Alfonsín, en 2011, cuando intentaba presentarse como la reencarnación de su padre.
Eduardo Duhalde EXPRESIDENTE La principal culpable de la derrota” que sufrió el oficialismo en la provincia y que rompió una hegemonía de 28 años de gobierno. Se dio cuenta y no dio la cara”.
Macri hizo las paces con Brancatelli
El candidato se disculpó con el periodista en un prograna televisivo. El candidato presidencial por Cambiemos, Mauricio Macri, se solidarizó ayer con el periodista Diego Brancatelli por las agresiones que recibió en las redes sociales, luego de conocerse los resultados de las elecciones, y el también militante kirchnerista se lo agradeció.
Brancatelli había dicho, en lenguaje futbolero, “si Macri llega a ganar yo me voy del país”, y de acuerdo a cómo se dieron los comicios, muchos cibernautas aprovecharon para insultar a Brancatelli en Twitter y Facebook, e incluso en este último se armaron grupos bastante violentos contra él.
El candidato de Cambiemos, tras haber quedado a 2,2 por ciento del postulante del Frente para la Victoria, Daniel Scioli, publicó un mensaje en Facebook y llamó a la unidad.
El texto que publicó Macri: “Me entero por distintos lados que a personas que dijeron públicamente apoyar al kirchnerismo ahora los agreden a través de Twitter y Facebook. Algunos mensajes son chistosos y juegan con una rivalidad más o menos futbolera, pero otros son duras agresiones personales y descalificaciones que están al borde de la persecución política”.
“La verdad lamento mucho todo esto. Ese no es el cambio del que hablamos. No queremos perseguir a nadie, no queremos que todos piensen igual, no queremos uniformar las ideas. Al contrario. Queremos convivir, queremos aprender como sociedad a ponernos de acuerdo y discutir mil horas sin descalificar a nadie por pensar distinto. Tenemos que amigarnos con los vecinos, con la familia, con los demás”, escribió.
Diego Brancatelli, por su parte, le agradeció a Macri su grandeza como persona y se dieron un abrazo.

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