Después de cuatro años de cepo, hasta que el nuevo gobierno decidió levantarlo de una vez el 17 de diciembre de 2015, el balance resultó negativo en US$35.700 millones, de los cuales unos US$8.000 millones se fugaron en ese año.
Otra forma de ver las oportunidades perdidas con el cepo cambiario que alentó el último ministro de Economía del Gobierno de Cristina Kirchner, el ahora diputado Axel Kicillof, es observar cómo la relación de los activos externos con las reservas en divisas en el Banco Central se elevó de 4,2 veces a fines de 2011 a poco más de 9 veces cuatro años después.

El fenómeno

Como consecuencia de ese fenómeno, las reservas del Banco Central acentuaron su debilitamiento y cayeron a menos de US$26.000 millones.
Estos datos fueron actualizados por la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales.
En lectura que hace de los mismos, se desprende que mientras a fines de 2011 los activos externos de los argentinos hubieran permitido cancelar la totalidad de la deuda pública y privada y aún así quedarse con un saldo de unos US$50.000 millones, cuatro años después, pese a todas las restricciones, incluida la capacidad del Gobierno, pero también de las empresas de tomar crédito en el resto del mundo, esa proporción se agudizó.
El resultado beneficioso hubiera sido poder haber cancelado, con los dólares fugados, la totalidad de esos compromisos, incluidos los 12.000 millones de dólares que se acordaron pagar a todos los holdouts, y quedar con un excedente de más de 60.000 millones de dólares.
Para los economistas, claramente se trata de un ejercicio matemático. Los ahorros acumulados son de particulares y empresas y la deuda externa es, en su mayor parte, de todos los niveles de gobierno y de parte de las sociedades con vínculos con el resto del mundo.
Todo este cuadro de divisas que se fueron al exterior sirve para comprender la magnitud de los recursos que en un escenario interno amigable para el ahorro y la inversión productiva interna se podrían haber volcado a generar riqueza y empleos argentinos.
Los números representan fondos integrados por moneda extranjera fuera del sistema financiero local, incluida la que se guarda en cajas de seguridad e incluso en algunos colchones de varias familias; inversiones directas fuera del país e inversiones sujetas a rentas en acciones y bonos y colocaciones a plazo en el resto del mundo.
Con todas estas cifras se puede conocer que los argentinos guardan bajo el "colchón" más dólares que el total de la deuda externa.
La salida de dólares del sistema financiero fue una constante en los últimos años.
En el caso de los que tienen sus dólares bajo el "colchón", hay una estimación del Indec que usualmente pasa desapercibida, pese a la magnitud del monto acumulado y creciente. Para conocerla hay que rastrear en el informe completo de la balanza de pagos que se difunde cada trimestre.
La estadística actualizada al segundo trimestre del año pasado dio cuenta de que los activos externos del sector financiero y no financiero sumaron poco más de 232.500 millones de dólares, de los cuales apenas US$4.152 millones forman parte de las tenencias de las entidades bancarias.
Esta fuga de dólares muestra la magnitud de recursos ociosos que escapan a la inversión.

Positivo en reservas

La semana que terminó fue positiva, en términos de reservas, para el Banco Central.
El stock creció US$157 millones.
El Banco Central contabilizó US$29.234 millones por la suba de las cotizaciones de otras monedas. El miércoles pasado avanzaron otros US$1.238 millones.
Cabe recordar que en este contexto financiero cambiario, por el dólar futuro se perderán $100.000 millones y habrá mayor presión sobre la inflación y el tipo de cambio, pronostican muchos en la City porteña.

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Sección Editorial

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