Sandra Gabriela Vilte y sus tres hijos necesitan ayuda. Perdieron todos sus bienes en un voraz incendio. El domingo por la mañana Gabriela (38), quien trabaja como empleada doméstica, salió de su casa junto a su hija Carolina, de 13 años, para llevarla a misa. En la casa 22 de la manzana 616 B de Finca Valdivia, quedaron jugando sus otros dos hijos: Ángel, de siete años, y Gabriel, de ocho. El domingo parecía un día de descanso tranquilo, pero un cortocircuito habría desatado lo peor.
"Eran las 10. Mi gordo, el nene más grande, me contó que se cortó la luz y que vio chispas en un enchufe. Después se empezó a prender fuego, entonces él corrió a avisarle al vecino de al lado", manifestó la madre. "Lo primero que se quemó fue mi sommier. Era nuevo, lo había comprado con tanto esfuerzo. Ni siquiera le había sacado el plástico, por eso se consumió muy rápido y las llamas llegaron hasta el techo de machimbre y membrana", relató. El fuego se propagó por toda la habitación y la cocina de manera veloz por el material inflamable. Se quemó un juego de dormitorio, un ropero, un televisor, ropa, útiles de los niños, entre otros bienes.
El vecino al que Gabriel le había avisado sobre el incendio acudió en auxilio y sacó al más pequeño del lugar. Intentaron apagar el incendio tirando jarras con agua pero el plástico no se apagaba. Varios llamados de vecinos al 911 alertaron a la Policía. Al cabo de unos minutos llegó un móvil y efectivos junto a vecinos sofocaron las llamas arrojando baldes con arena. "Justo en ese momento yo estaba llevando a mi hijita a misa porque está cursando catecismo, ya que pronto hará la confirmación. Íbamos en el colectivo por la avenida San Martín. Un vecino me llamó para avisarme que mi casa se estaba prendiendo fuego y que los bomberos no llegaban. Sin pensar me bajé del colectivo y tomé un remís. En 10 minutos estuve en mi casa y los bomberos llegaron después. Tardaron media hora. Perdimos todas las cosas", se lamentó Gabriela, quien trabaja limpiando casas de familia y vive con sus tres hijos.
"Mis hijos están asustados por lo que vivieron pero están bien de salud. Perdieron sus cosas, pero están sanos y salvos gracias a Dios. Ahora se están quedando en lo de su abuelo. Yo tengo que hacer muchos trámites como una exposición en la Cooperadora de la Municipalidad. Mi padre y un sobrino se están quedando en mi casa a cuidar", contó.
La familia anhela arreglar el techo de la casa, el servicio de electricidad y la pintura para volver a habitarla. "El techo se quemó y la paredes quedaron negras. Deseo tanto arreglar eso en principio, el resto después. A medida que pueda iré reponiendo las cosas. Sé que algún día las voy a tener de nuevo", dijo Gabriela.
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