"Si logramos frenar el dengue y la chikungunya en la vecina ciudad boliviana, ya tendremos más de la mitad de la batalla ganada". Con esa premisa y en un trabajo coordinado y sistemático entre los municipios, el intendente de Tartagal, Sergio Leavy, lanzó la semana pasada el segundo descacharrado binacional que busca liberar a las viviendas y los peridomicilios norteños de la presencia del Aedes aegypti.
Las acciones conjuntas se acordaron a comienzos de este año mediante la firma de un convenio entre la intendencia de Tartagal y la comuna de Yacuiba a través de su titular, Ramiro Vallejo. Los equipos de salud de ambas ciudades concluyeron en la necesidad de aunar acciones.
"La migración de pobladores del sur boliviano hacia Tartagal es permanente e igualmente a la inversa, es decir hacia las ciudades de Yacuiba y San José de Pocitos. Esto significa que de muy poco servirá sacar todos los elementos que benefician la proliferación de las larvas y del vector si en las localidades del país vecino los niveles de infestación y de enfermos sigue muy elevado", explicó el secretario de Gobierno de Tartagal, Franco Hernández Berni.
Las primeras campañas
Después de ese convenio, firmado a comienzos de año, se realizó en las dos localidades bolivianas de frontera una primera jornada intensa de limpieza y descacharrado de la totalidad de comercios, viviendas particulares y espacios verdes. "Como Yacuiba tiene más manzanas que Tartagal, los operativos allí serán de 7 semanas, de manera que se iniciaron antes", aclaró Hernández Berni.
En el caso de Tartagal, los operativos se extenderán por 6 semanas consecutivas y la primera fase, que corresponde a la zona oeste con Villa Gemes, La Loma, 9 de Julio y Santa Rita, ya se retiraron más de 20 toneladas de cacharros.
Participan, junto al personal municipal, voluntarios de la organización Mundo Sano, Policía provincial, Regimiento 28, Gendarmería Nacional, hospital Perón, entre otros.
La logística
Los operativos requieren una organización importante, ya que los 25 camiones preparados recorren las manzanas de la ciudad y áreas rurales, retirando todo elemento que beneficie la proliferación del vector. Los operarios que trabajan en cada descacharrado son alrededor de 250 personas, quienes al concluir cada jornada se reúnen para intercambiar información sobre lo actuado para lograr el objetivo de llegar al verano con la menor cantidad de larvas, reservorios y ejemplares del mosquito.

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