Sergio Quintana, joven historiador y docente de la Universidad Nacional de Salta, fue enfático al hablar de una nueva lectura de la historia y de la revalorización de nuevos actores sociales. A la par, insistió en la necesidad de capacitar a los docentes en esta nueva vertiente histórica, durante una charla que mantuvo con El Tribuno con motivo de la celebración de un nuevo aniversario del 25 de mayo de 1810. En la misma entrevista consideró que es marcado el interés de los salteños en la literatura sobre personajes y fechas de nuestra historia. "Basta con ver la cantidad de libros de historia que se venden para determinar que no son temas que pasan inadvertidos para la gente. Cada libro que sale sobre personajes o hechos es de los más vendidos".

¿Cómo se leen hoy los acontecimientos de 1810?
La historiografía política va a discutir cómo se produce el 25 de mayo de 1810 y cómo se llega a ese momento. No tiene que ver con un movimiento revolucionario preexistente, sino que es producto de la crisis de la monarquía española. Lo que pasa es que para entender el proceso que terminó con la revolución del 25 de mayo tenemos que observarla a partir de la crisis de la monarquía. Una crisis que va a disparar todo un debate en el Río de la Plata sobre la cuestión de la independencia y, sobre todo, sobre las formas de gobierno. Ese 25 de mayo de 1810 también es importante porque es el punto de partida para un largo y lento proceso de construcción de la Nación, del Estado nacional, el que tenemos.

¿Cómo está hoy ese Estado nacional atravesado por interrupciones militares y dificultades de la democracia?

Como construcción histórica que es, el Estado argentino fue sufriendo transformaciones a lo largo del tiempo.
Durante el período yrigoyenista produjo una ampliación de la participación política por parte de sujetos que no estaban antes, con la llegada del voto secreto, obligatorio y universal. Con la caída del régimen yrigoyenista sufrió un transformación con la llamada década infame y un Estado que amplió derechos durante la experiencia peronista, incorporando derechos que no tenía la clase obrera.
En las dictaduras militares, hubo una estrategia de transformación radical. Con el retorno a la democracia, con la presidencia de Alfonsín se profundizaron derechos humanos, además de garantizar la participación y movilización.
Durante la década de los 90 vemos la transformación neoconservadora que va a llevar adelante el menemismo, con un Estado pequeño y reducido de todo lo que había logrado el peronismo con Perón. Después tuvimos el gobierno kirchnerista más vinculado a una política populista y hoy estamos en la incertidumbre de hacia dónde se va, lo que será producto de análisis para los futuros historiadores.

¿Cómo juzga la enseñanza de la historia argentina en las escuelas?

Creo que durante los últimos tiempos los manuales de historia fueron lentamente rompiendo con los contenidos tradicionales. Se fue dejando la enseñanza tradicional, fáctica, basada en hechos y de grandes héroes, para empezar a ver procesos históricos, para darles luz a actores históricos y sociales que la historia tradicional no había tenido en cuenta.
Me parece que la producción de la nueva historiografía académica se está insertando lentamente en la producción de los textos escolares y también incorporándose en los programas de estudio. Pero, falta capacitación, falta que nuestros docentes de escuelas secundarias tengan más instancias de capacitación y de formación, y que exista una articulación entre la universidad y los ministerios de Educación para que esas capacitaciones lleguen a los docentes y para que se sigan viabilizando estos conocimientos relacionados con esa revisión.

¿Cuáles son los nuevos actores que redescrubre la historia y por qué falta esa capacitación docente?

Sobre le primer punto, los nuevos actores que está redescribriendo la historia son, por ejemplo, los grupos subalternos, como las milicias rurales, los intelectuales, los periodistas... Pero, también, los nuevos lenguajes, el lenguaje político, la noción que tenían en 1810 sobre Patria o sobre Nación.
Con respecto a la falta de capacitación, me parece que no hay políticas orientadas en ese sentido, no conozco una articulación entre el Ministerio y las universidades.
También habría que ver cuántas horas de capacitación permitidas tienen nuestros docentes que trabajan en las escuelas secundarias y primarias.

¿Por qué cree que ocurre esto?

Me parece que hay que rediscutir cuál es la política de capacitación y formación de nuestros docentes, y la universidad tiene mucho para decir y aportar en este sentido.

Usted no vio en el Gobierno nacional que se fue ni lo ve asomar en el actual.

No, para nada he visto algo de esto en el gobierno anterior y ahora habrá que ver cuál es la nueva lógica del Ministerio de Educación.
Y vuelvo a preguntar: ¿cuántas horas de capacitación tienen permitidas nuestros docentes de escuelas secundarias? No son muchas al año. Entonces, ¿cómo prendemos que los docentes se actualicen si no tienen ni el espacio ni las horas para esa tarea extra?

¿Cree que la historia tiene el peso que merece entre otras disciplinas en la enseñanza ?

Hay muchas materias dedicadas a la enseñanza de lo social, de la historia. Historia ha recuperado horas en el ámbito de la enseñanza secundaria pero, de alguna manera, es necesario promover la mayor información y capacitación de los docentes.
Esto también tiene que ver con el incentivo para recuperar la creatividad docente y para tratar de convertir a los alumnos en pequeños investigadores, en personas interesadas en estas cuestiones que tienen que ver con estos hechos históricos que recordamos especialmente hoy, porque es la historia del país.
El asunto es encontrar las herramientas para que las clases no se convierten en esa hora de pura monotonía, rutinaria y repetitiva.
Hay que incentivar a nuestros docentes para que sean creativos y a su vez ellos puedan orientar a los chicos hacia el mundo de la riqueza inmensa que tiene nuestra historia. Creo que de eso se trata, pero insisto que hay que poner el acento en la capacitación.

¿Considera que a los argentinos nos interesa conocer nuestra historia?
Creo que sí. Y un ejemplo es lo que pasa en las librerías. Si uno se pone a observar, el consumo de literatura que hay en el país se ve que los trabajos tanto de historiadores profesionales como de no profesionales son de los más vendidos en el mercado literario nacional. Cada obra nueva, cada título, se ubica siempre entre los más vendidos y eso es una información para tener en cuenta.
Eso demuestra una preocupación permanente de la gente, de diferentes edades, que decide comprar un libro. Eso no ocurriría si las publicaciones de historia y de los personajes de la historia no despertaran interés entre la gente.

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Arturo Suarez
Arturo Suarez · Hace 6 meses

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