La Asamblea General de Naciones Unidas abrió con el tema de las migraciones, sencillamente porque es el tema que hoy los países por sí mismos no pueden resolver
Son hoy 65 millones las personas en la Tierra que se vieron obligadas, por las guerras, las persecuciones y el hambre, a dejar su lugar de origen con lo puesto. Viven en campos precarios de refugiados o caminan permanentemente, día tras días, con los hijos a cuestas, en búsqueda de un lugar en el mundo que los reciba.
Ciento ochenta mil de ellos llegan cada año a las costas italianas. Se trata de la movilización de población más importante de la historia de la humanidad.
La gente escapa con la ropa puesta y los cuatro centavos que pudieran tener para pagar a delincuentes, traficantes de seres humanos que los ayudarán a pasar alguna frontera cerrada a los sin papeles que ni siquiera pueden convertirse en refugiados.
Huyen del horror de guerras santas que no les corresponden, del hambre, en países estancados en su desarrollo por incompetencia y corrupción de sus dirigentes.
La Asamblea General de Naciones Unidas abrió con este tema, sencillamente, porque es el tema que hoy los países por sí mismos no pueden resolver.
Imaginen: la magnitud es tal como si toda la población de Italia (60.400.000), más 4.600.000 que viven en el exterior, decidiera hoy irse del lugar que ocupan, de la ciudad o del pueblo donde viven, simultáneamente y sin saber adónde ir, solo se mueven.
Esta catástrofe internacional de múltiples causas, que ya muchas veces contamos, tiene versiones, también distintas, en cuanto a las soluciones posibles, ya que una sola, créanme, no existe.
La versión Estados Unidos de Donald Trump y de algunos países de Europa, miembros de la Unión Europea (Hungría, Eslovaquia, Austria, entre otros), que es esta: "Los migrantes, que se arreglen como puedan, nosotros cerramos las fronteras. Acá no los queremos. No están calificados, están infiltrados por terroristas que vienen camuflados de migrantes, no nos sirven para nada, no los queremos, son peligrosos".
La versión del papa Francesco, la Alemania de Ángela Merkel, Italia, Grecia: "Recibamos a todos aquellos que lleguen y tratemos de cuidarlos hasta que consigamos reubicarlos en algún lugar del mundo".
Claro que, con esta posición, la canciller Ángela Merkel va perdiendo todas las elecciones en su país, y a este paso es probable que su partido pierda las elecciones políticas del año que viene. Según algunos medios alemanes, la culpa la tiene Merkel por hacerle caso a Francisco.
La versión de Gran Bretaña: "Me voy del grupo de pertenencia, entre otros motivos, porque me obligan a recibir cuotas de migrantes que no quiero".
La versión de Italia, Francia: "Ahora, ONU, EEUU, ayudemos a los gobiernos de los países de donde huye la gente a desarrollar sus economías para que puedan contenerlos".
Claro que esta historia implica mucho tiempo, menos corrupción en el país que da y en el país que recibe, y controles estrictos del uso de esos recursos de parte de Naciones Unidas. Tiempo y dificultades es lo que no tienen ni quieren los que escapan. La industria de las armas, el control de las fuentes de petróleo, la ocupación de territorios a reconstruir como negocio para los países invasores, son argumentos de mucho peso para detener alguna guerra. Por ende, en Occidente de los países fuertes muchos hacen como si quisieran la paz, hacen como si les interesara terminar con esto, cuando en verdad no es así. ¿Hace falta crear un nuevo país para los que huyen como solución a esta nueva diáspora, como ya ocurrió en la historia? Naciones Unidas, por segunda vez en su historia, es la responsable de dar soluciones a este problema. Para esto existe, no solo para que sus funcionarios paseen por el mundo con pasaporte diplomático y gastos pagos.

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