Shantala es una técnica de masaje infantil milenaria, transmitida de generación en generación, de madres a sus hijos. Tiene una historia fascinante y beneficios increíbles para los bebés.
El obstetra Frederick Leboyer, en uno de sus viajes por la India, observó cómo una joven madre daba un masaje a su hijo en las calles de Calcuta. La madre en cuestión se llamaba Shantala. Así nació esta fórmula sistematizada por Leboyer para divulgarla en todo el mundo.
El contacto es una necesidad básica del bebé. Este masaje infantil trasciende la técnica y hace una síntesis de la práctica de la madre llamada Shantala, yoga, reflexología y masaje sueco. Es una valiosa forma de comunicación entre padres y bebés, nutriendo el vínculo en el contacto piel a piel de sus propias manos, dejando una huella positiva para toda la vida. Es un encuentro que relaja, alivia, nutre, libera y da placer a quienes participan de él.
Beneficios en la práctica:
Para el bebé:
- Alivia molestias provocadas por cólicos, gases, dentición.
- Favorece la disminución del llanto y los estados de irritabilidad.
- Ayuda a conciliar el sueño.
- Facilita la relajación física y emocional del bebé/niño.
- Favorece a los bebés prematuros y de bajo peso. La estimulación proveniente del masaje infantil les proporciona un estado de relajación, facilitando la absorción del alimento dando lugar a un aumento más rápido de peso.
- Estimula los sistemas vitales del niño.
- El contacto piel a piel ayuda al bebé a reestablecer la armonía y revivir ese estado de equilibrio placentero ligado a su etapa intrauterina.
Para los papás:
- Valida la intuición como padres.
- Reafirma las habilidades de crianza, brinda a los padres seguridad, confianza y autoestima.
- Brinda la satisfacción de poder aliviar a su hijo, modifica la calidad del momento de dolor o sufrimiento del niño.
- Les posibilita percibir lo sutil que expresa su bebé sin palabras.
- Disminuye la ansiedad de los padres al contar con un recurso tan valioso en sus propias manos.

Y en general, para niños y adultos, es un encuentro que nutre la relación, otorgándole calidad al tiempo compartido entre padres e hijos.

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