Daniel Escalante es un joven abogado, entusiasta e idealista en los aspectos que hacen al Derecho.
Su trabajo en la Defensoría de Menores de Orán lo impulsa diariamente a reconocer los problemas en el terreno de los jóvenes en conflicto con la ley, un tema siempre vigente en una sociedad marcada por la violencia transversal que no reconoce edades y que supera límites geográficos y generacionales.
Próximamente presentará su segundo libro: "Factores que generan delincuencia en jóvenes en la provincia de Salta", un interesante tratado analítico y estadístico sobre los casos locales de delitos juveniles, su actual abordaje jurídico y propuestas pragmáticas para intentar soluciones con un enfoque multidisciplinario.
¿Qué mirada técnica tiene usted sobre los jóvenes en conflicto con la ley y la recurrencia del delito en esta franja?
La problemática es general pero tiene variables interesantes que es necesario analizar desde el punto de vista individual y casuístico. Las estadísticas focalizadas nos dan un panorama donde las posibles soluciones no son una utopía.
Usted trabaja hace 10 años en el área jurídica del menor. ¿Qué pudo observar en ese tiempo?
Por ejemplo, la recurrencia de los delitos juveniles en ciertas épocas del año. Notamos que Navidad y Año Nuevo son épocas más propicias para que los chicos cometan delitos. Esto lo indican las estadísticas.
También se combina con el fenómeno de la región: en febrero, en Cafayate y los Valles Calchaquíes, se registra un número importante de delitos. Es de suponer que la concentración de gente en los festivales marca una tendencia.
¿Esto se mantiene en el resto de la provincia?
Para el caso del norte, en Tartagal y Orán las perspectivas son diferentes. Allí la curva se hace más pronunciada cada fin de semana, sobre todo a principios de mes.
¿Qué tipos de delitos?
La mayoría contra la propiedad privada. Luego se registran las riñas, los robos y hurtos y finalmente los homicidios en ocasión de robo.
Este último es el más complejo por el impacto y la reacción social que implica. Hay descontrol y la presencia de la droga es un factor determinante que lleva al asesinato innecesario.
Lo peligroso es que, en ciertos casos, los menores no se ponen límites y se fijan nuevos desafíos para el crimen: una especie de carrera delictiva.
Su último libro aborda la problemática sectorizada desde las estadísticas y los enunciados...
Tiene dos líneas: una de soporte jurídico sobre la reforma del sistema penal de menores y otra parte de política criminal, donde se analiza en base a los casos el rol de la comunidad y se plantean propuestas.
¿Cuáles, por ejemplo?
De nada sirven las reformas jurídicas para abordar un tema tan complejo si no tenemos el compromiso multisectorial de los tres poderes del Estado.
Si sabemos que hay más delitos en ciertas regiones de la provincia, épocas del año o días de la semana, pues tenemos que hablar de un abordaje direccionado, multisectorial y preventivo. Involucrar a municipios, legisladores, fuerzas de seguridad, profesionales psicólogos y asistentes sociales, para actuar directamente en el foco del problema.
Se habla mucho de trabajo preventivo, pero ¿cómo se pueden lograr resultados?
Solo por poner un ejemplo; los Centros de Menores son herramientas desperdiciadas que actúan cuando ya se cometió el delito. Son represivos y no preventivos.
Ese lugar es ideal para trabajar con los chicos en la motivación y la ayuda social. Si a los chicos con alto riesgo les ofrecen un buen lugar donde dormir, desayuno, almuerzo, estudio y contención humana, es probable que prefieran quedarse en ese lugar y no salir a cometer delitos. Es necesario motivarlos desde una mirada preventiva y comprometerse con su futuro.

¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia


Re KennethU
Re KennethU · Hace 1 mes

En síntesis, si logramos que los chicos sean buena gente, no cometerán delitos.


Se está leyendo ahora