Tiene 23 años y la sabiduría de una señora grande que ha recorrido caminos insospechados. Silvina Puca nació en San Antonio de los Cobres. Es hija del viento que corre implacable en esas alturas puneñas. Tiene el sello colosal que las montañas del Toro imprimen en sus nativos, y la fuerza contundente del sol que curte el rostro de los que nacen en esa cautivante localidad salteña, a la que todos los turistas quieren llegar para contar la experiencia única de haber estado ahí. Silvina está orgullosa de su raíz; por eso terminó la secundaria y se fue a Quilmes, en Buenos Aires, para estudiar la carrera docente y regresar a San Antonio a dar lo mejor que tiene: su esencia fresca y bondadosa.
¿Cómo vivís la experiencia de enseñar en tu pueblo?
Nací en San Antonio de los Cobres, estudie la primaria y secundaria en el pueblo y me fui a Quilmes en Buenos Aires, donde tengo familia, a estudiar para ser docente. 2015 fue el primer año que ejercí y hacerlo en mi pueblo fue un lujo. Igual, me gustaría conocer otras escuelas de los Valles Calchaquíes: Cachi, Cafayate, porque me encanta la experiencia de cambiar, de descubrir nuevos rostros, otras costumbres. No me gusta quedarme en el mismo lugar siempre.
¿Sentiste el rigor del cambio de vida?
Siempre quise ser docente y como tengo hermanos en Quilmes, me fui. Me acostumbré a la vida de esa ciudad muy rápido y me gustó el ritmo. Por eso cuando volví a San Antonio ya como maestra, me costó mucho adaptarme al pueblo, me cuesta tener amigos, aunque es muy tranquilo y soy feliz volviendo a la raíz, a mi pueblo. Pasa que cuando volví ya no tenia amigos, vincularme y volver a relacionarme fuera de la escuela, fue difícil.
¿Y cómo te llevás con los chicos?
Yo amo a los niños, son lo mejor del mundo, y soy muy feliz donde están los chicos. Me dicen seño y me derrito. Tienen una inocencia tan grande. Acá son muy educados, agradecidos, son divinos los chicos de mi San Antonio.
¿Cuáles son tus próximas metas?
Estoy estudiando Psicopedagogía que me gusta mucho. Mi meta es seguir estudiando y perfeccionándome siempre en la docencia. Siento que enseñar es mi verdadera vocación y me siento plena ejerciéndola.

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