Fiel al vertiginoso estilo impuesto desde el 10 de diciembre para anunciar medidas económicas y sin apelar a gradualismo alguno, la administración macrista anunció ayer un tarifazo en boletas de luz que tendrá alto impacto inflacionario y en el nivel del consumo. Llegando casi a la mitad de los 100 días de la luna de miel que un nuevo Gobierno suele tener con la gente, Mauricio Macri y su equipo económico decidieron adoptar, sin anestesia, una medida de claro contenido impopular. "Una factura de luz que pasa de $150 a $350 equivale a dos pizzas", señaló hace pocos días el ministro de Hacienda, Alfonso de Prat Gay, mientras que su par de Energía, Juan José Aranguren, la comparación la hizo con una entrada a cualquier partido de fútbol de Primera que empieza la próxima semana. Con estos ejemplos, el Gobierno intentó desacreditar o minimizar las masivas críticas de entidades de usuarios y del vendaval de quejas que la gente en general reflejó en las redes sociales.
Para dar mayor justificación, Aranguren apeló a que el esquema de subsidios generó desinversión en el sector y derivó en los cortes de energía que diariamente padecen miles de usuarios, que ahora tendrán que pagar hasta 600% de aumento. Ese ajuste no coincide con los dichos del ministro en cuanto a que "el aumento lo estamos haciendo en forma gradual".
Es cierto que el nivel de atraso en las facturas, sobre todo en sectores medios de Capital y Gran Buenos Aires, reflejaba una clara desproporción con lo que paga un usuario en Córdoba o quienes dependen de cooperativas en el interior bonaerense. El esquema de subsidios impuesto hace más de una década generó un fuerte desequilibrio o provocó situaciones injustas, que la administración de Cristina Kirchner no se animó a desarticular.
En líneas generales, las boletas de servicios públicos habían quedado muy rezagadas si se las compara con lo que una familia paga por el cable o la telefonía celular, pero el shock de estas medidas tendrá consecuencias. De acuerdo con los estudios de los economistas Miguel Bein y Orlando Ferreres, la eliminación de los subsidios podría agregarle entre 7 y 9 puntos a los índices que miden el costo de vida.
Y esa mención es un dato preocupante.

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Sección Editorial

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