El reciente Foro de Inversión y Negocios de la Argentina, realizado la semana pasada en el Centro de Convenciones Kirchner (CCK), le permitió a nuestro país seguir avanzando en la reinstalación en el mundo y recordarles a los inversores nacionales y extranjeros que aquí se les abren nuevas oportunidades de negocios e inversiones. Las 4.196 personas que asistieron, los cerca de 1.000 CEO y referentes de 1.688 compañías de 68 países le dieron el marco de éxito a esta convocatoria. Con este acontecimiento el gobierno del ingeniero Macri ratifica el cambio de paradigma respecto de la gestión anterior, acostumbrada a usar los términos que acompañaban su accionar como cepo cambiario, consumo, subsidios, protección y retenciones, en cambio las palabras que hoy se utilizan son: inversión, innovación, productividad, emprender, infraestructura y negocios.
Esta participación bastante numerosa por la cantidad y calidad de los visitantes que concurrieron al foro, nos indican dos cosas; la primera que la globalización sigue su curso y la segunda y más importante es que en mundo hay abundante cantidad de dinero conocido como de tasa de interés cero a nivel internacional, razón por la cual cualquier proyecto de inversión, grande o chico, entusiasma a empresarios de todas partes.
Según datos oficiales Argentina, en esta coyuntura, presentó oportunidades de inversión por más de U$S 180.000 millones, distribuidos en las siguientes actividades: energía y minería por U$S 76.000 millones, agroindustria, por U$S 15.000 millones, infraestructura, por U$S 75.000 millones; servicios y tecnologías, por U$S 7.000 millones y bienes industriales por U$S 5.000 millones, entre otros. Es evidente que han llegado inversiones, pero no son las necesarias ni suficientes para iniciar un proceso de crecimiento de nuestra economía, ahora lo que se espera que aumenten especialmente de los capitales y/o ahorros de los argentinos que están en el exterior para que ratifiquen y den el ejemplo de confianza que se necesita para terminar de tentar a los inversores indecisos.
Se denomina inversión al gasto destinado a incrementar o mantener un cierto stock de capital o activo fijo como maquinarias, herramientas, y demás bienes durables usados en el proceso productivo, en la definición también se incluyen las obras de infraestructura, las construcciones y las variaciones en los inventarios, haciendo alusión a la inversión pública y privada. En un país la inversión se mide de acuerdo a un porcentaje del Producto Bruto Interno (PBI) en un período de tiempo, que generalmente es un año, para que tengamos una idea de cuál es la situación en Argentina, observamos que durante 2015 el porcentaje de inversión fue del 16% y comparando con otros países vemos que en Chile durante 2014 fue del 21,4 %, en los EEUU, 19,7% y en China del 48%. Tenemos que distinguir entre inversiones productivas o inversiones financieras, ya que esta última es netamente especulativa y de fácil recupero, como por ejemplo la compraventa de títulos o acciones o plazos fijos en los bancos, cuya tenencia se puede transformar en dinero efectivo rápidamente.
Las inversiones productivas privadas son mucho más lentas de materializar, requieren de un tiempo para realizar proyecciones, donde se deben analizar las condiciones macro económicas, seguridad jurídica, costos, ubicación geográfica, análisis sectoriales, presión impositiva, estructuras financieras, ventajas comparativas y competitivas, etcétera, recordando siempre que el inversor privado realiza las mismas para obtener un beneficio.
Las inversiones públicas se canalizan a través de las obras que están destinadas a mejorar la conectividad, acceso a energía, al agua y toda la infraestructura que necesita el inversor privado para que sus productos sean competitivos y se puedan comercializar en el país o el extranjero.
Actualmente a las inversiones públicas además de ser útiles se las están utilizando como motor para reactivar la economía.
Reactivar la economía a través del consumo con emisión monetaria y un fuerte déficit fiscal es más rápido, pero genera inflación; ya lo vimos en la gestión del gobierno anterior, pero si la reactivación se hace con inversiones genuinas el proceso puede ser más lento pero generará un efecto multiplicador y sustentable en el tiempo.
Lamentablemente la economía de nuestro país en los últimos 40 años se ha caracterizado porque no había reglas de juego que se mantengan a través del tiempo, conocidas como políticas de Estado.
No debemos equivocarnos cuando tengamos que darle un destino a los dólares que como está pronosticado ingresarán al país vía blanqueo, financiamiento externo, deuda o el ingreso de ahorros de argentinos que los tienen en el exterior; será necesario saber hacia dónde vamos y a dónde queremos ir.
La economía de nuestro país durante estas últimas décadas se caracterizó por ser pendular, ya en la época de Martínez de Hoz y de Domingo Cavallo la abundancia de dólares que ingresaron fue la característica, por supuesto que benefició a vastos sectores de la clase media con la introducción de productos importados y viajes baratos al exterior, pero perjudicó a la producción nacional ocasionando mayor desempleo y aumento de la pobreza.
En la época de los K el precio de la soja suplantó a la deuda; pero la etapa del viento de cola no fue aprovechada para realizar los ajustes necesarios al modelo porque comenzaron a gastar más de lo que recaudaban; el resultado fue la gran emisión monetaria para financiar el déficit y por supuesto una inflación creciente, pérdida de mercados y disminución de la producción.
Las consecuencias por ejemplo en lo laboral las tenemos a la vista, pudiendo resumir en el diagnóstico que realizó recientemente el ministro Triaca al decir que tenemos 10% de desocupación, más del 30% de trabajo en negro y casi la mitad del trabajo en blanco está en el sector público.
Aprovechando la experiencia anterior no debemos equivocarnos al definir el destino de estos fondos, quizá de alguna manera lo han manifestado desde el Poder Ejecutivo que están convencidos que hay que buscar recursos para explotar nuestras riquezas naturales, especialmente en proyectos de agroindustria y de infraestructura, además de combatir la inflación que entre otras cosas mejorará la competitividad de nuestra producción.
Errores históricos con abundancia de dólares hemos cometido en nuestra historia reciente, entre ellos, al apostar al precio de la soja, al bajar, nuestra economía dejó de crecer, cuando privatizamos las empresas del estado tampoco nos alcanzaron los dólares que ingresaron. En esas épocas nos olvidamos de pensar en el largo plazo, entiendo que se debe festejar el futuro ingreso de divisas pero será necesario no repetir los errores del pasado para no cometerlos nuevamente.

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