Sin legalidad no hay libertad

José Armando Caro Figueroa

Sin legalidad no hay libertad

"La legalidad es condición de libertad. Sin certeza del derecho no puede existir libertad política". Así se expresaba el gran jurista italiano Piero Calamandrei, desafiando al fascismo en medio del "espantoso caos de un mundo en ruinas". En aquel "tiempo de la vergenza", Calamandrei sostuvo que el "resurgimiento duradero" exigía restablecer el principio de legalidad como método de gobierno.
La editorial Trotta acaba de reeditar "Sin legalidad no hay libertad" cuya lectura, en los 60, el doctor Ricardo Reimundín recomendaba a los abogados salteños.
Tenemos entonces una ocasión para descubrir o redescubrir a Calamandrei y sus enseñanzas imprescindibles en la Argentina y en Salta donde -cíclicamente- sufrimos nuestros propios "tiempos de vergenza".
Mientras intentamos emerger del espantoso caos que agredió brutalmente a la democracia constitucional, pienso que la legalidad republicana es el fundamento esencial de la libertad.
Entendiendo por legalidad republicana la vigencia efectiva de los principios de supremacía de los derechos fundamentales, de justicia independiente y de debido proceso, entre otros.
Si bien es evidente que los argentinos debemos luchar contra la pobreza y la exclusión (derrotando simultáneamente a la inflación y a la recesión), es igualmente cierto que urge aplicar nuestra inteligencia y voluntad a reconstruir el Estado democrático y federal de derecho. Por la sencilla razón de que también entre nosotros son válidas las advertencias y enseñanzas de Calamandrei.
Esta reconstrucción, además del retorno a la legalidad constitucional, demanda reformar la Justicia, sus criterios científicos para la toma de decisiones (donde abundan anacronismos e ignorancias), y sus mecanismos de selección y formación de jueces y magistrados.

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