Sofía Murillo tiene 21 años. Es delgada, tiene el pelo largo, ondulado y peinado muy prolijamente. Es dulce y simpática, su rostro transmite seguridad y serenidad. La joven recibió a este diario en su casa, en barrio El Tribuno, acompañada de su abuela Luisa y su primita Maica.
Sofía no es una joven más, el 3 de octubre de 2014, su vida dio un vuelco. Su madre, Evelia Murillo de 44 años, maestra de la escuela 4161 del paraje El Bobadal, a 30 kilómetros aproximadamente de Tartagal, fue asesinada de un certero disparo en el pecho por un criollo de la zona, José Tomás Cortez. Evelia, había osado hacer frente a Cortez, porque molestó a una de sus alumnas wichí con quien se había querido sobrepasar.
Las autoridades policiales tomaron conocimiento del crimen ocho horas después de sucedido, cuando una de las alumnas tras correr por el monte con un celular logró comunicarse, ya que en la escuela no hay señal de telefonía móvil. El hecho que conmocionó al país, sucedió un mes después de que las autoridades provinciales declararan la emergencia por violencia de género debido al recrudecimiento de los femicidios.
Sin embargo, esta tragedia puso en evidencia las condiciones precarias en que viven y desarrollan sus tareas gran parte de los maestros y maestras rurales. Aislados, sin señal de celular, sin puestos de salud cercanos funcionando, sin postas policiales, ellas y sus alumnos quedan abandonados a su propia suerte.
Los maestros no se olvidan de Evelia y se ha transformado en ejemplo para muchos al punto que una organización de docentes lleva su nombre. Pero Evelia no pasó en vano por esta vida. Además de las enseñanzas que dejó a sus alumnos y compañeros de trabajo, dejó una hija que se esfuerza por honrar el legado de su madre. El Tribuno conversó con ella para reflexionar sobre su cotidianidad después de su trágica pérdida.
¿Cómo transcurrió tu vida después de aquel fatídico día?
Trato de pensar que mi mamá está trabajando y me dedico a estudiar mucho. Al principio me sentía muy culpable porque ese fin de semana ella tenía que venir, y yo le pedí a través de una de sus alumnas que viniera el fin de semana siguiente porque era el cumpleaños de mi primita. Mucho tiempo pensé que si ella hubiese venido estaría viva. Pero después me di cuenta que no es así. Mis amigas a veces me preguntan cómo es que puedo estar bien y yo les contesto que "tengo" que estar bien porque si me bajoneo no voy a poder estudiar y ella quería que estudiara. Siempre me decía que me tenía que formar para no depender de nadie, para que me pudiera manejar bien en la vida. Y para eso me estoy formando.
¿Qué edad tenías vos cuando tu mamá se fue al interior a trabajar?
Yo tenía 16 años y me quedaba con mis abuelos. Siempre me las arreglé para molestar lo menos posible, porque además mis tíos y mis abuelos no siempre estaban, así que yo se cocinar desde chica, hacer trámites, si me enfermaba me iba al médico sola, siempre supe manejarme de manera independiente. Así me enseñó mi mamá. Primero, ella se fue como directora a una escuelita del Paraje Bajo Grande, que queda entre Santa Victoria y Alto la Sierra. Después decidió pedir el traslado porque allí estaba demasiado lejos. Y se dio la oportunidad de este cargo como maestra en El Bobadal. Ella estuvo ahí desde marzo de 2014. Mi mamá tenía muchos años de servicio pero le faltaba la edad para jubilarse, solo tenía 44 años.
¿Cómo es un día tuyo?
Ahora ingreso al último año de arquitectura. Me puse como meta recibirme en diciembre de este año o como máximo en marzo de 2017. Esto es algo que le debo a mi mamá porque mi carrera es muy costosa y por eso ella decidió irse al interior. Así que tengo que lograrlo. Yo ingresé a los 17 años a la facultad, después de recibirme en el comercial Arturo Illia. Siempre cursé y rendí todo para empezar el siguiente año sin materias pendientes.
En períodos de clases mis días están muy ocupados porque a veces estoy mañana y tarde en la facultad y no me dan los tiempos para venir a mi casa que queda en la otra punta. Yo vivo en barrio El Tribuno con mi tía Silvia, que es hermana de mi mamá y mi primita Maica de 9 años. Ayudo a mi tía en las tareas de la casa porque ella trabaja mucho y también visito a mis abuelos, Jorge Murillo de 77 años y Luisa Ríos de 74, que viven en barrio Morosini. Para ellos la vida ya no es la misma desde lo que pasó con mi mamá. Se los ve bien, pero su carácter cambió. Tienen una mirada con profunda tristeza. Es que es muy difícil recuperarse de la muerte de un hijo.
¿Tenés idea de cómo está la causa judicial?
La verdad es que no entiendo mucho de la cuestión legal. Nos aceptaron como querella recién cuando la causa llegó a Salta. Ahora estamos esperando el sorteo del juzgado. Se que el asesino de mi mamá está preso.
¿Recibiste algún tipo de indemnización por parte del Estado?
Lo único que recibí fue lo que corresponde a la ART porque se tomó como accidente de trabajo. No tengo beca, ni pensión de ningún tipo. Solo la Universidad Católica, donde curso la carrera, no me cobra las cuotas. Ellos se hicieron cargo de eso y es un convenio que se renueva cada año.
¿Cómo era la relación con tu mamá?
Mi mamá era una mujer muy sana, alegre y muy amiguera. La pasábamos bárbaro cuando ella venía. Nos íbamos al centro y me decía "si nos mira un chico lindo, yo soy tu hermana no tu mamá" (risas). Además tenía muchas amigas, la querían un montón. Y yo también soy amiguera los hijos e hijas de sus amigas también son mis amigos. Tengo amigos de la infancia, del secundario y de la facultad. Cuando se cumplió el primer aniversario de su muerte después de la misa vinieron todas las amigas de ella, trajeron empanadas y pizzas ellas por ellas mismas para compartir y recordarla. Se "re-portaron" estuvieron acompañándome todo el tiempo. Además, sus colegas de diferentes partes del país, maestras que yo no conozco, me escriben para darme fuerzas. Siempre están presentes. Hace poco se formó una asociación de docentes que lleva el nombre de mi mamá, se la puede encontrar en facebook.
¿Qué te gustaría hacer cuando te recibas?
Me gustaría poder entrar a trabajar en algún estudio para adquirir experiencia y después, si puedo, poner mi propio estudio con alguna colega. No tengo definido exactamente qué hacer, pero tal vez me inclinaría por la construcción de escuelas pensando en mi mamá. Justo el año que ella falleció teníamos que hacer un práctico en la facultad y había que elegir entre una escuela rural y una escuela albergue y yo elegí hacer una escuela albergue porque así ella me ayudaba con el tema de las necesidades que tienen esas instituciones. Al diseñar una casa o un edificio tenés que estudiar al usuario y ella me ayudó con eso y me fue muy bien. Hoy (por el viernes) me quedé shockeada por la muerte del ingeniero Galindo y su esposa la arquitecta Regazzoni, los dos fueron profesores míos, eran excelentes y amorosos. Yo quiero decirles a sus hijos que no hay que bajar los brazos porque nunca quedamos solos. "Ellos" aunque no estén, siempre nos están cuidando.

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Sección Editorial

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enrique alcala
enrique alcala · Hace 9 meses

No me queda muy claro el tema, dudo , sera mi ignorancia.

Beatriz Sajama
Beatriz Sajama · Hace 10 meses

NO ENTIENDO CÓMO PUEDE SER QUE EL ESTADO NO HAYA HECHO NADA POR ESTA CHICA, CUYA MADRE -MAESTRA- FUE ASESINADA POR DEFENDER A UNA DE SUS ALUMNAS, EN UNA ESCUELA RURAL!!!!


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