Sorpresas bajo la alfombra

Miguel Ángel Boggiano

Sorpresas bajo la alfombra

Las semanas pasadas tuvimos un salto en la tarifa de luz y se sabe que el gas y el transporte son los próximos aumentos en la mira del Gobierno. Intentaremos responder a tres preguntas sobre dicha tendencia
La necesidad de los aumentos
Las subas en electricidad y las que se esperan en el gas y transporte son un sinceramiento de precios. ¿Qué quiere decir esto? Que el kirchnerismo engañó a la población durante su década ganada, con precios artificialmente bajos. Pudo hacerlo en la medida en que tenía precios de la soja por los aires y mucho dinero para derrochar. Esa situación ya no existe: la época de las vacas gordas se esfumó y los precios están yendo a donde deberían estar.
Lo desagradable de esta situación es que el atraso fue tal que el salto obliga a hablar de "tarifazo". Parece que la Argentina no aprende: no es la primera vez que un gobierno esconde la inflación debajo de la alfombra negando las subas de servicios como el gas, la luz y la electricidad. Si no se resuelve esto, no hay modo de terminar con el flagelo de la inflación: recortando los subsidios se recorta el déficit fiscal que siempre se terminó cubriendo con impresión de pesos. Esta ha sido la enfermedad de la historia económica argentina, abonada por radicales, peronistas y militares.
Desde 2001 hasta fines de 2015, la inflación fue del 1200%. En ese período, la electricidad no tuvo ningún ajuste y el gas, un ajuste del 300%. Este retraso en las tarifas ocasionó que la cadena productiva entera de estos servicios esté prácticamente al borde la quiebra (tanto productores, como transportistas y distribuidores) y que el nivel de inversión haya sido bajísimo. Esta es la consecuencia de haber intervenido los precios.
El impacto de estas subas en la inflación de 2016:
Lo primero a diferenciar aquí es la foto de la película. Sería ingenuo no creer que la suba en las tarifas tendrá un efecto inmediato en el Índice de Precios al Consumidor, dependiendo de la ponderación que cada uno de estos ítems tenga. Las diferentes estimaciones privadas ubican este impacto entre un 5% y un 9% en la inflación anual de 2016. El impacto es recesivo, ya que impone un costo más alto para industrias y consumidores finales. Es inequívocamente una caída del salario real: de un salario real artificialmente sostenido con subsidios de un Estado que ya no los puede seguir financiando.
El impacto de estas medidas en la economía:
El impacto inmediato será recesivo, pero necesario. Es el camino correcto para bajar no sólo la inflación sino las expectativas inflacionarias. El gobierno está asumiendo el compromiso de imprimir papel moneda lo mínimo indispensable, y esto volverá a hacer que el peso tenga estabilidad y valor.
Hay que entender que 2016 será un año de transición. ¿Qué quiere decir? Que al dejar que los precios reflejen la conjunción verdadera de la oferta y la demanda, la economía podrá rápidamente volver a reasignar sus recursos de un modo más eficiente. Un ejemplo de esto que comenzaremos a ver en la segunda mitad del año será una caída en el precio de la carne porque se empieza a recomponer la oferta que había sido afectada negativamente por las diferentes trabas que se le habían impuesto.
Conclusión: se están tomando las medidas necesarias para volver a reactivar la economía. En lo inmediato estas medidas serán más bien recesivas, pero es el remedio que tenemos que tomar para curarnos cuanto antes.

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