El Gobierno parece haberse tomado una pausa en el plan contractivo que había puesto en marcha desde el principio de su gestión: la emisión de pesos, señalada siempre como la principal causa de la inflación en la Argentina, dejó de desacelerarse en octubre y noviembre y empezó a repuntar por primera vez en el mandato actual. En los últimos 30 días, el ritmo de crecimiento de la cantidad de dinero en circulación (en efectivo y en cuentas a la vista) se aceleró del 19,5% al 21,5% anual, en un contexto en el que todavía no parece haber repuntado la actividad (si bien hay, con todo, algunos motivos estacionales que a fin de año exigen mayor expansión de pesos).
¿Cuál es el motivo de la mayor emisión?. Entre los factores que explican ahora la expansión monetaria parece estar, otra vez, el jugador de siempre: el Tesoro Nacional, necesitado de pesos para afrontar el enorme gasto público, estuvo vendiendo al Banco Central los dólares que obtuvo en las colocaciones de deuda que realizó en el exterior. En cada transacción, el organismo de Federico Sturzenegger termina inyectando pesos que quedan en la economía. En total, ya se vio forzado a emitir $ 50.000 millones adicionales, desde mitad de octubre hasta hoy, sólo por comprar divisas a pedido del ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay.
Se trata de la primera 'impasse' en una etapa de fuerte ajuste que se veía desde enero pasado. En los primeros diez meses de gestión, el Gobierno había logrado frenar la emisión de pesos en 20 puntos porcentuales: del 39% al 19,5% anual hasta mitad de octubre. Pero, según las cifras oficiales, el indicador ya rebotó. Y refleja ahora que los argentinos tienen disponible mayor liquidez en un momento en que no repunta la actividad. Algo que, en el mediano plazo, podría darle soporte a la inflación si el excedente no fuera absorbido por el Central.
Si bien el efecto de esto sobre la economía real puede tener un rezago de más de seis meses, todo aumento de pesos por encima de lo necesario impone al Central un mayor esfuerzo para absorber el excedente mediante mayores colocaciones de Lebac (siempre y cuando quiera sostener las metas de inflación determinadas para el año que viene). El efecto a mediano plazo no sería inflacionario si simultáneamente se hubiera percibido un aumento de la actividad y, por lo tanto, una mayor necesidad de pesos del sector privado (un aumento en la demanda de dinero), cosa que no parece haberse registrado en octubre.
Semejante crecimiento de la liquidez explica en parte por qué, en las últimas licitaciones, el Banco Central encontró espacio para absorber pesos aún con una baja en las tasas de interés. En sólo tres semanas, Sturzenegger redujo en un punto y medio porcentual la tasa de referencia (el rendimiento de las letras a 35 días): de 26,75% a 25,25%. Las dos cosas, en simultáneo, podrían indicar que al menos durante este último mes hubo un sobrante de pesos en la economía.
Para noviembre, las consultoras prevén que el índice de inflación será menor al de octubre y cerrará debajo del 2% mensual. En Elypsis, el ritmo se estima por ahora cercano al 1,7%-1,8% mensual; y en PriceStats, dan cuenta hasta el momento de un avance del 1,6%. La inflación se va perfilando, así, más cerca del 1,5% esperado por el Gobierno para diciembre.

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