Mauricio Macri siguió con preocupación primero desde Europa, y luego desde Estados Unidos, el derrotero del ajuste de tarifas que puede terminar en la Corte Suprema de Justicia. Fue informado del tema por su ministro de Energía, Juan José Aranguren, quien continúa teniendo respaldo oficial a pesar de haberse convertido en la figura más impopular del Gabinete.
El jueves por la noche, el diagnóstico empezó a ser sombrío: existe riesgo de que el ajuste de tarifas, presentado como la única forma de volver a poner a la Argentina rumbo al autoabastecimiento energético, no solo está minando parte de la popularidad presidencial, sino que corre riesgo de quedar desactivado por la Justicia.
Por eso, el ministro Germán Garavano inició una operación de pinzas sobre la Corte Suprema de Justicia para que más temprano que tarde acepte el "per saltum" solicitado por el Gobierno y, si se puede en tiempo récord, defina la legalidad de ajuste de tarifas.
El problema sería que a algunos integrantes del alto tribunal les empezó a sonar desprolijo y poco claro el aumento tarifario. No se explican, por ejemplo, cómo si el Gobierno dijo que habría un límite del 400% de ajuste para los hogares, en algunas viviendas la boleta de gas se haya multiplicado por diez. Facturas que venían a $500 pasaron de un año a otro a $5.000, mientras departamentos de apenas dos ambientes están recibiendo cuentas que llegan, en ciertos casos, a $10.000. Todo esto combinado con uno de los ajustes más fuertes en la economía argentina desde el 2001, cuando todo terminó en caos.
Aranguren sabe que su futuro quedó en manos del máximo tribunal y, si bien valora el respaldo del Presidente, está convencido de que si el tarifazo no prospera en la Justicia, sus días en el gobierno están contados.
El fallo de una Cámara Federal de La Plata, que avanzó más y prácticamente nacionalizó el freno a los ajustes tarifarios, fue un golpe duro para la estrategia oficialista.
Al Gobierno lo tomó por sorpresa la contundencia del fallo: la Sala II de la Cámara Federal de La Plata declaró la "nulidad de las resoluciones 28 y 31 del Ministerio de Energía y Minería de la Nación", y dijo que se "retrotrae la situación tarifaria a la existente previamente".
El Gobierno presentará un recurso extraordinario ante esa Cámara para apelar el fallo y, si no tiene éxito, planea recurrir a la Corte Suprema con un recurso de "queja".
En el Gobierno saben que esa cámara está integrada por jueces que no simpatizan con el ideario de Cambiemos, sino todo lo contrario.
El abogado Eduardo Barcesat, un acérrimo crítico del macrismo y quien se considera en la misma línea ideológica que los integrantes de esa cámara platense, admitió que al tribunal no le quedará otra que aceptar la apelación.
Esto quiere decir que aquellos que se ilusionaban con la posibilidad de no pagar las facturas, deberían pensarlo dos veces.
Distinto es saber qué ocurrirá con la cuestión de fondo, que todo indica deberá ser resuelta por la Corte Suprema.
Pero admiten también que la estrategia de ajustes tarifarios tuvo deficiencias de aplicación, incumplió con reglas básicas como las siempre simbólicas convocatorias a audiencias públicas y careció de una prolija y convincente campaña de comunicación.
Otros en la Casa Rosada reconocen que ante la magnitud del tarifazo no hubiese resistido estrategia alguna de marketing, pero todo indica que ahora ya es tarde para lágrimas, y que el Gobierno deberá ponerle velas a la Corte presidida por Ricardo Lorenzetti, siempre proclive a apostar a la paz institucional.
El mal cierre de la Semana del Bicentenario de la Independencia opacó algunos de los logros obtenidos por Macri durante su gira por Europa, donde fue recibido por figuras del calibre de la alemana Angela Merkel como uno de los principales líderes emergentes en Sudamérica.
También le llegaron elogios de los Estados Unidos, por ejemplo en la concurrida recepción brindada por el embajador norteamericano, Noah Mamet, en el Palacio San Miguel, donde el elenco ministerial tuvo asistencia casi perfecta.
Macri trató de capitalizar el respaldo internacional y trasladarlo al escenario político doméstico.
Lejos de un ambiente que empieza a volverse espeso en la Argentina, el Presidente consideró que la gente "comprendió" la necesidad de aumentar las tarifas de gas y luz.
"Es increíble cómo nos acompaña en el esfuerzo por volver a crecer", deslizó el jefe de Estado.
Pero esos supuestos respaldos son a plazo fijo, apenas compensado ahora por la corrupción deslizada por el régimen kirchnerista, cuyos máximos jerarcas desfilan a diario por los tribunales.
Esa adhesión al aire fresco que pudo significar Macri tiene como fecha de vencimiento el día en que la clase media no pueda llegar a fin de mes, asfixiada por la inflación, los ajustes de tarifas, la disparada de los servicios y, tal vez en el verano, la imposibilidad de darse ciertos gustos vacacionales que seguramente este año deberán mutar por destinos más austeros.

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