Como todas las mañanas los hermanos Romero, Silveyro y Lorenzo, se disponían a comenzar la jornada de jueves de la mejor manera. Uno de ellos puso la pava a fuego lento para dar inicio al ritual diario de los mates bien cargados, en ese momento alguien llamó a la puerta de la humilde vivienda ubicada en el paraje El Chorrito, a unos 45 kilómetros al oeste de la ruta nacional 34, perteneciente a la Municipalidad de Aguaray.
Un hombre, que dijo ser del vecino país de Bolivia, saludó amablemente a Silveyro Romero y le contó que andaba buscando trabajo en el campo. La caridad que suelen tener los hombres de bien hizo que el menor de los hermanos hiciese quedar al desocupado, ya que alguna ayuda podría recibir. Fue así que lo hizo pasar y le terminaron haciendo un lugar en la casa para llevarlo al otro día hasta un puesto donde necesitaban gente.
Al día siguiente, bien temprano, el mayor de los hermanos tenía que trasladarse hasta Tartagal y emprendió viaje. Por su parte, Lorenzo Romero, de 52 años, llevó al ciudadano boliviano hasta un puesto a unos tres kilómetros de El Chorrito, donde necesitaban gente, en una zona donde las personas viven del ganado y el trabajo de la tierra.
En su trayecto intentando llegar a Tartagal, Silveyro contó que pasaron varias horas sin que nadie lo pudiese llevar a destino y decidió pegar la vuelta. En su regreso, primero observó el candado roto, apuró la marcha para ingresar a la casa, donde observó que estaba todo tirado, alguien había buscado plata en ese lugar. Salió corriendo para dar aviso a la policía del paraje de Acambuco y en ese tramo, a unos cuatro kilómetros de su hogar, encontró sin vida a su hermano mayor, tendido en el suelo al costado de la ruta. La tristeza y desesperación se apoderaron del hombre que no podía entender por qué su compañero y hermano tuvo que terminar así.

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