A todos nos pasa. Pero no está bien. El celular se ha encarnado en nuestras manos al punto que casi nadie va ni al baño sin llevarlo. Cuando hay que dejarlo enchufado para que cargue energía, la sensación de orfandad es difícil de justificar. Lo peor es todo lo que el celular nos ha quitado: las charlas de sobremesa, las miradas a los ojos, el sonido de las voces familiares haciendo eco el corazón... La insensibilidad que inyecta el uso adictivo del aparato hace que ya ni nos moleste que un amigo, un hijo, o la pareja nos ignore por estar absorto en los mensajes de la pantalla. Todo lo que esa cajita virtualizada tiene es más magnético que la vida misma.
Es práctico, sí. Es necesario, sí. Pero el paisaje que pinta un grupo de personas compartiendo una mesa mirando cada uno su celular es tan obsceno que llueven las investigaciones que hablan de "phubbing", se amplía la cartelería pública con "Prohibido el uso del celular", y florecen las iniciativas que premian el "no uso" del teléfono en ciertas circunstancias.
En Salta, los clientes del bar Soho, ubicado en la avenida del Bicentenario de la Batalla de Salta 797, se sorprenden gratamente cuando el mozo les ofrece una promoción que consiste en dejar los celulares en un frasco durante toda la comida y con eso es suficiente para tener gratis un postre o un trago a elección. El acuerdo debe cumplirse a rajatabla y el resultado es encantador: charla sin parar de "bueyes perdidos" y un final de comida muy dulce. En todo caso, de yapa viene también la reflexión sobre hasta qué punto perdemos nuestro tiempo mirando el celular y dejamos de gozar la vida.
El phubbing es un fenómeno moderno que se refiere al uso del móvil en presencia de otras personas. Es el acto de ignorar, menospreciar o aislar a quienes están a nuestro alrededor por prestar atención al dispositivo. La pregunta es, ¿estamos ante una epidemia moderna donde las relaciones sociales y físicas acabarán evaporándose? Esperemos que no. Pero, lo cierto es que cada vez son más los que caminan sumergidos en las vidas ajenas de Facebook, comen sin levantar la mirada del mural del pajarito azul o llegan tarde a encuentros por chequear el listado de redes instaladas en el dispositivo.
Es hora de reconocerlo: el phubbing está afectando nuestra vida social para mal. Tarea: ponernos un límite de verdad.

El origen del término y del mal

¿Cuántos paisajes y escenas habremos dejado de ver, cuántas voces dejamos de escuchar por esta epidemia de phubbing que nos apresa? Tantos como veces al día fijamos los ojos en el celular.
El término viene de las palabras en inglés phone (teléfono) y snubbing (desairar). Se refiere al "acto de ignorar a alguien en un evento social mirando el teléfono en vez de ponerle atención".
Muchas personas del mundo se sintieron identificadas con la campaña que lanzó el sitio stopphubbing.com
La idea del sitio fue de Alex Haigh, un joven de 23 años que vive en Melbourne y que, con un grupo de amigos, buscaron generar conciencia a través del humor. Datos como "el 97% de la gente asegura que su comida sabe peor si fue víctima de phubbing" o "92% de los phubbers se convertirán en políticos" no son reales. Sin embargo, cifras como "el 87% de los votantes (unos 7,634 encuestados) están en contra del phubbing" no suena tan disparatado.
"La idea es crear una discusión global sobre el phubbing porque realmente está en nuestras vidas, puedes ver niños de 6 años usando celulares y eso está siendo aceptado. No es una campaña anti-tecnológica o que indique que la tecnología sea mala ni nada por el estilo. Se trata de que la gente evalúe cómo usa la tecnología", dijo en una entrevista Haigh, sin temor de que su iniciativa se vea como un intento de satanizar la tecnología.

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