Los fabricantes de televisores son auténticos genios a la hora de crear necesidades tecnológicas a los consumidores. Con el inicio del siglo se estrenaron las primeras pantallas planas. Después llegaría la resolución HD Ready (1.280 × 720 puntos) y la Full HD (1.920 × 1.080 píxeles), y más tarde los sintonizadores TDT. Con nuevas técnicas de iluminación volvieron a hacerlas más delgadas mientras crecían en tamaño, incluían la retroiluminación ajustable (dimming) y aumentaban la velocidad de refresco de la imagen. Lo intentaron con el 3D tanto con sistemas de gafas activas como pasivas. Y ahora llevan tiempo machacando con la Ultra Alta Resolución UHD, también conocida como 4K si hablamos de 3.840 × 2.160 puntos. Pero de entre todas estas novedades, la más llamativa es probablemente la de las pantallas curvadas. En 2013 fue cuando se presentó en el CES de Las Vegas el primer televisor curvo del mundo Pero aquí nos asalta la duda: ¿de verdad sirve para algo que el panel de imagen esté curvado? Aunque existen opiniones enfrentadas por parte de los expertos, resulta indudable que los televisores curvos ofrecen varias diferencias respecto a los planos. Algunas son ventajas, otras inconvenientes. Y paradójicamente, varias pueden ser lo uno o lo otro, según cómo se mire. En el primer grupo encontramos que las pantallas curvadas ofrecen mejor optimización del brillo, ya que no solo facilitan la equidistancia a los ojos, sino también la emisión de la luz en la dirección del espectador. Esto significa que las imágenes parecerán más luminosas. Claro que esto solo ocurre para el espectador situado justo en la perpendicular de la pantalla, que es el que recibe de forma óptima cada píxel. Este 'punto dulce' es el que en teoría ofrece una mayor inmersión en la escena, ya que hace creer a nuestro cerebro que la pantalla es mayor. Esta es la segunda ventaja que tienen. Pero lo cierto es que la relación entre la curvatura real, el tamaño de la pantalla y la distancia habitual de visionado no ofrecen una ventaja inmersiva tan acentuada como prometen los fabricantes. De hecho, para que una pantalla curvada ofrezca una buena sensación de inmersión ha de ser varias veces mayor que la distancia de visionado, como por ejemplo ocurre en los cines. No ofrece la misma experiencia desde los laterales Hay que tener en cuenta que la curvatura del panel es muy sutil. Normalmente se indica un valor R que es el radio de curvatura del televisor. Por ejemplo, una tele con un R de valor 5 significa que el centro de un círculo imaginario formado por televisores curvos de este tipo, tendría un radio de 5 metros, o lo que es lo mismo, un diámetro de 10 metros. Esto nos lleva a que como daño colateral tengamos que si el espectador no se encuentra en el eje de curvatura, todas estas ventajas desaparecen y en algunos casos se convierten en desventajas. Lo más probable es que estos televisores que suelen ser de gran tamaño sean usados por más de una persona a la vez, con lo que a la pelea por el dominio del mando se puede sumar la de obtener la posición central privilegiada. Desde los laterales no es que se vea mal, pero resulta evidente que no ofrece la misma experiencia. Ciertamente estas pantallas reducen la distorsión trapezoidal, es decir, la curvatura aparente de las líneas rectas a medida que se alejan del centro de la imagen y que se suele acentuar en las esquinas. Y aquí encontramos un nuevo elemento de discusión: los reflejos. Pese a que la publicidad asegura que el diseño curvo reduce los reflejos, esto no es cierto del todo. Puede que la reflexión de la luz no sea tan evidente como en una pantalla plana, pero a cambio se generan unas feas bandas laterales y suele ocurrir que estos reflejos se extienden a lo largo de toda la superficie. Algo más evidente aún para los espectadores situados en los extremos. Lo que nadie entra a discutir es su belleza y excepcional diseño. Solo encontramos un punto negativo: dado que las paredes de las casas suelen ser planas, una pantalla curva siempre necesitará una mayor profundidad que una plana. Otra desventaja evidente es su precio. En conclusión, ¿son mejores las pantallas curvas que las planas? No, pero lo cierto es que casi todos los fabricantes cuentan con un modelo de televisor curvo que además suele incluir las mejores prestaciones audiovisuales de la marca. Esto, de por sí, sube el precio y ofrece una calidad de imagen tan elevada que resulta difícil cuantificar el nivel de mejora que aporta la curvatura del sistema. Sea la que sea desde luego no es ni de lejos tan importante como el panel, la iluminación o el procesador de imagen. Tal vez sea más conveniente fijarse en la calidad de los altavoces, el nivel de conectividad algo cada vez más importante dado el creciente número de dispositivos conectables, el grado de compatibilidad con dispositivos móviles como smartphones o tabletas y, por supuesto, el catálogo de apps integrado.

Fuente: 20minuto

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