Abril fue el mes de mayor inflación desde el año 2002; esto ha generado un clima de mal humor social que se materializó en la protesta sindical de la semana pasada, que junto a la votación a favor de la ley antidespidos del Senado, nos permite sospechar que la luna de miel o los plazos de tolerancia con el Gobierno ya están cerca de concluir.
Las medidas fundamentales tomadas en los primeros cuatro meses de gestión del Gobierno del presidente Mauricio Macri, como negociar con los holdouts, la salida del cepo cambiario, facilitar el ingreso de divisas a través de la baja de retenciones y sincerar o reacomodar las tarifas de los servicios públicos y combustibles forman parte de un plexo de decisiones preparatorias para la implementación de políticas económicas que aún no conocemos pero que confiamos en que vayan siendo anunciadas.

Urgencias planes y silencios

El país necesita conocer un plan antiinflacionario. Para el inversor y para el ciudadano común y corriente, desconocer las metas de inflación para este y los años siguientes, y las metas monetarias y fiscales que aspira implementar el Gobierno para combatir la pobreza es lo mismo que quedarse sin GPS.
La meta de "pobreza cero" exige no solamente aumentar los ingresos de las familias, sino mejorar la calidad de vida de los sectores más desprotegidos a través de inversiones en obras de infraestructura en pavimento, cloacas, agua corriente y gas, y en mejoras sustanciales en calidad educativa, salud pública y seguridad.
Esas serían las metas indispensables para alcanzar los objetivos que se propone o, al menos, enuncia el actual gobierno.
Pero la premisa de toda transformación social exige fijar un objetivo que nos una como sociedad y termine con la antinomia amigo enemigo, la famosa brecha artificialmente generada por el maniqueísmo de la "década ganada" y fundar sobre ese cimiento una política de Estado.
Recordemos que el último paradigma que nos unió se produjo hace más de 30 años cuando toda Argentina unida les dijo "nunca más" a los gobiernos militares.
Ante este desafío y al definir los ejes de la política económica será necesario que todos nosotros asumamos un rol protagónico.
La necesidad de que aumenten las inversiones en los sectores público y privado es estratégica e insoslayable. Pero en este punto deviene indispensable incentivar y apoyar a las pequeñas y medianas empresas (pymes) que son las que generan la mayor cantidad de mano de obra.

La inflación

El mayor desafío desde la economía es disminuir la tasa de inflación, un proceso que también irá acompañado del achicamiento de la tasa de interés. Actualmente, con valores superiores al 37% anual y junto con la venta de tentadores títulos de deuda pública argentina, esa tasa es utilizada para esterilizar la plaza de circulante, es decir para evitar que ese dinero se gaste en el mercado que generaría mayor inflación o que estos tenedores compren dólares provocando el aumento en su cotización.
Pero esta política perjudica especialmente a las pymes ya que no incentiva la obtención de préstamos que se traducirán en inversiones generando nuevas fuentes de trabajo que tanta falta nos hace.

Buenas señales de Sturzenegger

Ya en el marco de un cambio de rumbo, recientemente el presidente del Banco Central (BCRA), Federico Sturzenegger anunció, en la presentación del Programa de Política Monetaria 2016, que el objetivo de su gestión es "trabajar para mantener la tasa de inflación de 2016 lo más cerca del 25%", y adelantó que el nivel de las tasas de interés en los próximos meses "tiene que acompañar el proceso descendente que se advierte en el índice de inflación".
Este programa consta de tres etapas, la primera ya se produjo en el primer trimestre del año y consistió en reducir la base monetaria (cantidad de dinero en circulación) que pasó del 45% del PBI al 25%.
La segunda se empezó a implementar a partir el pasado mes de marzo al utilizar a la tasa de interés como instrumento para bajar la inflación.
Y la tercera parte comenzará en el periodo mayo-septiembre, cuando la inflación comience a disminuir y, por supuesto, bajará la tasa de interés. El Gobierno es optimista y piensa que la inflación este año será del 25% cuando varias consultoras privadas estiman índices del 31 al 33%. De todos modos, para el año 2017, con indicadores proporcionados también por el INDEC, apuestan a que las expectativas inflacionarias bajen al 20% y el objetivo será alcanzar un razonable l5% anual en el año 2019.
Respecto a la cotización del dólar, el presidente del BCRA aclaró que el tipo de cambio va a ser "flexible con intervenciones ocasionales", como lo hizo hasta ahora.
De las 86 jornadas de esta gestión, operó solo en 17, y asegura que en adelante se limitará a participar si necesita mejorar su balance o si existe una fuerte apreciación del peso frente al dólar.

Déficit severo e inversión

Aún no se conoce un programa de política fiscal para este año, es decir, no se sabe cómo se abordará el objetivo de disminuir el déficit. Se gasta más de lo que se recauda y todo indica que será muy difícil un cambio drástico. La solución será generar mayores inversiones que produzcan nuevos ingresos al Estado y de esta manera se irán igualando los ingresos con los egresos.
Hay optimismo entre los inversores, especialmente en las grandes empresas con mayor acceso a la información, que saben que estamos pasando por un ajuste para disminuir la inflación.
No ignoran que durante la "fiesta electoral" de la segunda mitad del año pasado se incrementó el gasto público y se duplicó la expansión monetaria.
En cambio los inversores y empresarios pequeños son los que están más preocupados y muchas razones tienen:
  • Saben que con la devaluación que se registró en estos meses se benefició la producción primaria.
  • Las inversiones en estos sectores llevan más tiempo y no se realizan de un día para otro.
  • Para que esta mejora pase al sector agroindustrial o industrial y especialmente a las pymes hace falta financiamiento, una reforma impositiva para bajar costos y una ley de perdón fiscal por no llamarla blanqueo.
Son muchas las propuestas que se pueden realizar para incentivarlos a que inviertan.
Se debe pensar en un plan de créditos a largo plazo y a tasas bajas; desgravar el Impuesto a las Ganancias a las pymes que inviertan sus utilidades; seguir incentivando la creación de nuevos empleos especialmente de jóvenes, siempre que los mismos no sean a costa de despidos; disminuir el costo del transporte y, a través de la obra pública, subcontratar a empresas chicas.
Las políticas monetarias ya se anunciaron.
Son el punto de partida. Ahora, queda por delante iniciar el proceso de desarrollo, que supone transparencia, racionalidad económica, productividad, inversión y, sobre todos, priorizar los intereses del país por sobre las ideologías y los de cada persona que lo habita por encima de la mezquindad política.
Sólo así podremos poner la proa con rumbo cierto hacia la "pobreza cero".

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