Lázaro Báez es un visionario, porque pudo descifrar que a través de la Obra Pública la prosperidad y el patrimonio crecen de manera inimaginable.
Su breve historia muestra que antes de incursionar en el mundo inmobiliario fue bancario y allí, precisamente, descubrió que las oportunidades se presentan muy pocas veces en la vida. Hace muchos años, cuando los bancos descontaban a sus clientes los certificados de obra, cedidos por el gobierno, los pagos se realizaban de manera parcial y de acuerdo al avance de la obra. Báez demostró lo contrario, que también se puede cobrar por anticipado y además -lo novedoso- manejando el precio de acuerdo a la inflación.
"Se iniciaba una obra por un monto de 150 millones y, después, se iban agregando cosas y se hacían a un sobreprecio enorme: obras que empezaban con 150, 200 millones de pesos terminaban costando 3 mil millones", enfatizó Javier Iguacel, de la Dirección Nacional de Vialidad. A partir de allí puede entenderse el crecimiento descomunal del patrimonio de Báez.
Lo preocupante consiste en que su ambición no tenía límite. Ahora se sabe que logró también expandirse en el norte del país. En Chaco, a 3.000 kilómetros de Santa Cruz, donde adquirió más de 150 propiedades, Báez compró aeronaves por $500 mil, realizó un negocio millonario con una importante cantera, concretó licitaciones por unos $ 600 millones y compró inmuebles por más de $40 millones. En Santa Cruz sumó más de 150 propiedades, en Chubut unos 30 inmuebles, en Buenos Aires seis viviendas.
Distintas obras sobre los terratenientes ampliarían el concepto, pero nada mejor aquella que dice: "Un terrateniente arruinado cuenta sus innumerables pleitos a la búsqueda de sus terrenos perdidos". Y la Justicia sigue buscando.

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