La Cumbre de Seguridad Nuclear que comenzó este jueves en Washington D.C. (EEUU) dedicará por primera vez una sesión a posibles ataques terroristas nucleares en ciudades.
En noviembre del año pasado, los yihadistas eligieron una sala de conciertos, un estadio de fútbol y una zona de restaurantes para sembrar el pánico en París, causando la muerte de 130 personas.
La pasada semana, el objetivo fue el metro y el aeropuerto de Bruselas, donde fallecieron más de 30 personas.
EI podría dar otro paso más en su escalada de terror. Y ese sería un ataque nuclear, que multiplicaría el número de víctimas y daños. Disponer de material nuclear quizás sea la última barrera (y la más compleja de superar) para las organizaciones extremistas.
Los gobiernos y los expertos temen que esa barrera pueda caer pronto.
"Hay un riesgo auténtico", dijo a BBC Mundo Matthew Bunn, experto en terrorismo nuclear y profesor de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Según Bunn, "no hay evidencia directa" de que Estado Islámico lo tenga entre sus planes. "Pero sí hay indicadores preocupantes".
En 2012 dos empleados de la central nuclear de Doel, en el norte del país, dejaron sus puestos de trabajo y se unieron a los yihadistas de EI en Siria. En agosto de 2014, alguien con acceso a la planta de Doel drenó el lubricante de la turbina del reactor, lo que causó un sobrecalentamiento.
La consecuencia: pérdidas económicas de entre US$100 y US$200 millones, lo que lo coloca como uno de los mayores sabotajes económicos de la historia. El culpable y el motivo son aún un misterio.
Más recientemente, en noviembre de 2015, la policía belga descubrió que la célula terrorista que realizó los ataques de París siguió y grabó a un alto cargo de una central belga con acceso a materiales nucleares y radiactivos, incluido suficiente uranio enriquecido como para varias bombas nucleares.
Las autoridades restringieron el acceso a trabajadores y reforzaron la seguridad de instalaciones nucleares tras los ataques. Pero las dudas de los gobiernos extranjeros continúan tras las fallas policiales y de inteligencia que ha mostrado recientemente Bélgica.

Un ataque terrorista con un artefacto nuclear improvisado crearía caos político, económico, social y ambiental en todo el mundo, sin importar dónde ocurra.
Los riesgos son variados: los extremistas podrían robar un arma nuclear a alguno de los países que disponen de ellas, sabotear una central, colocar un explosivo en una instalación o robar material radiactivo de uso civil para fabricar una llamada "bomba sucia".
La Iniciativa de la Amenaza Nuclear, con sede en Estados Unidos, publicó recientemente un informe en el que asegura que muchas fuentes radiactivas "están mal aseguradas y son susceptibles de ser robadas".
Según el gobierno de Estados Unidos, "cerca de 200 toneladas métricas de material utilizable para armas nucleares -como uranio enriquecido y plutonio- están presentes tanto en programas civiles como militares".
"Y sabemos que los terroristas tienen la intención y la capacidad de transformar ese material en un artefacto nuclear", advirtió.
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