Alumnos del anexo 5.194 San Agustín tienen clases en una oficina municipal y en el salón de usos múltiples en La Isla. Hartos de la situación, los chicos reclaman edificio propio y que a una empleada le regularicen su condición laboral, ya que no percibe ningún salario por la tarea que realiza a diario.
"Necesitamos un espacio digno para poder estudiar. No podemos seguir así, queremos nuestro propio colegio", es el pedido colectivo de los estudiantes secundarios que el 15 de octubre pasado se movilizaron en la zona, inclusive cortaron la ruta 26.
Graciela Subelza, quien realiza tareas administrativas y también de ordenanza, espera que finalmente el Ministerio de Educación de Salta reconozca su trabajo. La mujer está en el anexo desde que este se abrió hace 5 años. Ingresó con el Programa de Empleo Comunitario (PEC), que después pasó a ser el Plan Familia y en la actualidad recibe la asignación universal por hijo.
"He visto pasar cinco directivos durante estos cinco años, pero sigo en la misma situación: no tengo un sueldo. Si bien entré por un plan social (que en ese momento se contraprestaba con alguna tarea) a medida que iba pasando el tiempo me decían que aguante, que me podía quedar en el colegio. Lo único que quiero es trabajar y, además, acá se necesita", contó Subelza.
Graciela Subelza ADMINISTRATIVA "Cinco años, pero sigo en la misma situación: no tengo un sueldo. Lo único que quiero es trabajar".
Pluricurso
El anexo secundario, pluricurso con itinerancia, funciona únicamente en el turno de la tarde, de primero a quinto año. Graciela todavía recuerda cuando hace cinco años comenzaron con cuatro alumnos, ahora tienen 67. Para el próximo año ya se inscribió a 15 ingresantes.
Por eso desde las oficinas de la delegación municipal de Cerrillos, donde está el quinto año, se tuvieron que extender al SUM, ubicado en frente, donde estudian alumnos de primero a cuarto.
Después de idas y venidas, el año pasado Subelza logró ingresar sus papeles al Grand Bourg, aunque hasta ahora sigue sin una solución. Ella es madre de cinco chicos entre 20 años y dos meses de vida. Sobrevive con el dinero de la asignación universal.
"En la zona hace falta un colegio público, por eso venimos luchando hace años. Esta es una zona rural que vive del tabaco y las hortalizas y a muchos padres no les alcanza para mandarlos a la ciudad o al colegio privado (escuela 8.035 Dr. Ernesto Solá) que está a 6 kilómetros de acá. Entonces, si los chicos no estudian optan directamente por mandarlos a trabajar", contó la mujer que es el único personal aparte de los docentes.
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