Disciplina y talento. Tomás Giménez es muy joven, tiene 17 años y ya la certeza de que el canto es a lo que quiere dedicarse toda su vida. Es alumno de Guillermo Romero Ismael y se está preparando para aplicar para una beca en Osimo, Italia. La semana pasada estuvo en la redacción de El Tribuno e interpretó Caro Mio Ben, de Giuseppe Giordani (1751-1798). El video de esa presentación se puede ver en el sitio web www .blablax.com.ar.
Vozarrón. Potente e impecable. Tomás escucha los primeros acordes de esa pieza para soprano y orquesta que él eligió para compartir con los lectores de este medio, y se abstrae de todo lo demás. La mirada, el corazón y la voz se concentran en una composición que le permiten lucir cuánto disfruta de este arte.
“Cuando canto, más si es música clásica, es impresionante para mí. Es una sensación única que no se compara con nada. Esos nervios que uno tiene al cantar hacen que sea mejor cada interpretación. También hago atletismo y tengo nervios antes de la competencia y son feos esos nervios, no me hacen gracia. Los nervios que siento antes de cantar son distintos, es una adrenalina completamente diferente que me ayuda a actuar mejor y concentrarme. Pienso que es esencial”, dijo al inicio de la entrevista con este medio, luego de una gran interpretación.

“Cuando canto, más si es música clásica, es impresionante para mí. Es una sensación única"

Así, mientras disfruta de su arte, se prepara para aplicar para una beca que la academia de Arte Lírico de Osimo, en Italia, provee a los artistas jóvenes que se van a dedicar y tienen experiencia en este ámbito para que puedan estudiar en la academia. “Tengo un amigo salteño allí quien vivió algo parecido a lo que estoy viviendo yo ahora: Francisco Britos. El también estudió con mi profesor, Romero Ismael, obtuvo la beca y hoy es primer tenor en la Ópera de Frankfurt, es salteño. El también me está ayudando”, contó el joven artista.
Tomás asiste al último año del colegio Santa María del Rosario Nº 8121 y, además de ensayar casi todos los días de la semana, practica atletismo y es muy buen alumno. Pasó prácticamente la mitad de la infancia en Cafayate y hoy vive en Campo Quijano.

"Los nervios que siento antes de cantar son distintos, es una adrenalina completamente diferente que me ayuda a actuar mejor y concentrarme"
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Desde siempre

“¿Cómo comienza tu interés por dedicarte a la música y particularmente a la música clásica?”, le preguntó El Tribuno. Primero comentó que comenzó el segundo año que estudió canto. “Fui con la idea de aprender a cantar y Romero Ismael me fue inculcando de a poco este trabajo de la ópera. O quizás no el de la ópera en sí, pero sí de la música clásica que hace referencia a la técnica que el tiene y a lo que el enseña. El viene de una carrera lírica, cantar en teatros, en óperas en Italia y todo Europa. El nos enseña folclore, lírico, de todo un poco y a todos los géneros los va relacionando un poco y hay algo que se llama ‘la línea de canto’ que te lo da el lírico”, contó. Luego contó que, además, viene de una familia de artistas. Su abuelo José Miguel Berríos (Pepe Berríos) integró los conjuntos folclóricos Los de Salta y tuvo un tío, Martín Berríos, que fue guitarrista de Los Nocheros. Sus padres, además, lo llevaban con frecuencia al teatro a escuchar música clásica. “Tenía como un fuerte vínculo previo con esta música antes del encuentro con mi maestro”.
Comenzó a estudiar a los 14, pero canta y toca la guitarra desde los 10. Su registro es tenor lírico ligero y sueña con dedicarle su vida a la música. Ya transita ese camino.

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