Son las 19 horas. El atardecer comienza a desdibujar la sombra de los árboles en la plaza 9 de Julio y las luces empiezan a tomar, desde lo alto, un necesario protagonismo.
Parado en una esquina, un joven descansa su brazo izquierdo sobre la cintura de una guitarra electroacústica, mientras su mano diestra acomoda el trípode de un micrófono y parece estar lista para "tirar" los primeros acordes.
"Espero un rato más y comienzo a tocar y a cantar", dice Tomás Choug con un tono de voz grave mientras su cuerpo no revela ningún movimiento extraño que denote algo de nerviosismo al tocar en la calle. Transmite tranquilidad, mucha confianza en sí mismo.
"Ser un artista callejero es algo que provoca sensaciones raras porque cada día se vive de una manera diferente", remarca con acento porteño.
Tomás Choug tiene 21 años, vive en Martínez, zona norte de Buenos Aires y hace más de dos semanas que se encuentra en Salta parando en la casa de un amigo, lugar que deja todas las tardes para ir a "tocar a la gorra" en la zona más clásica e histórica que tiene la capital salteña.
Nueva vida
"Decidí dejar la zona de confort en la que me encontraba y buscar nuevas experiencias junto con dos amigos. Viajamos sin un destino en particular y sin fecha de vuelta", resalta y continúa con su relato.
"Nací en Pittsburgh, Estados Unidos, allí viví hasta los diez años y luego me vine con mis padres a Buenos Aires. Mi mamá es argentina y mi papá norteamericano. Se conocieron y se casaron allá. A ellos mucho no les gustó que me vaya, pero luego lo entendieron", explica el joven.
Admirador de grandes artistas del país del norte y de otras partes del mundo, cuenta que desde chico, y ya viviendo en Argentina, comenzó a tocar la batería y de a poco se inclinó hacia la guitarra hasta tomar clases particulares con un profesor para luego ingresar en un conservatorio.
Interpreta a los grandes
"Hago covers de Elvis, Los Beatles y también de Queen", dice y destaca que tiene una particular admiración hacia los 4 de Liverpool, banda, que según cuenta, lo marcó mucho en el mundo de la música.
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"Siempre que comienzo a tocar en la calle lo hago, por lo general, con un tema de Los Beatles. Cuando la gente escucha las canciones, comienza a percibir el estilo musical que me gusta, se detiene y pide más canciones".
Consciente de la vida musical que tiene Salta, se siente muy a gusto y hasta sorprendido por lo bien que le va al final de cada jornada.
"En cada lugar que recorro se puede percibir la importancia que tiene la música en esta provincia. Será que por eso que en la calle me recibieron muy bien".
La vivienda en la que se hospeda está cercana a un pub en el "Paseo de los Poetas". "Casi toda las noches veo bandas y artistas que vienen a tocar por acá cerca. Hay una movida musical grande comparado con otras ciudades por las que estuve antes de llegar a Salta", remarca.
Impulsado por el amor que tiene hacia la música, comenta con orgullo que también se dedica a componer y que tiene 12 temas de su autoría. "Hace rato que vengo pensando en vivir de la música.
Entiendo que es algo muy difícil, pero con dedicación todo se puede lograr". A pesar de su corta edad logró grabar un CD junto con uno de sus hermanos y un primo que también son músicos. "En un viaje que hicimos a EEUU para visitar a familiares tuvimos la suerte de poder grabar un disco porque un tío nos regaló horas de grabación en un estudio. La banda que teníamos se llamaba Shout y el disco llevó el nombre de "Atomic bomb". Ojalá que algún día nos podamos juntar de vuelta", dice entusiasmado.
"Soy consciente de que en estos tiempos las discográficas ya no son lo de antes y que ahora las redes sociales pueden ayudar mucho a un artista. Subí videos a Instagram (@tchough) de cada lugar por el que pasé tocando. Hay varios de Salta", remarca, mientras tras una pequeña pausa, descansa la voz y prepara su guitarra para comenzar su show. De poco la gente comienza a juntarse en la esquina de Mitre y España, frente a la Catedral. Los acordes de "Help, seguido de un tema de Elvis Presley potencian aún más su talento y despiertan un vínculo especial entre artista y espectador, interrumpido solo por la voz de Tomás que agradece cada aporte a voluntad que la gente deja sobre el estuche negro de su guitarra.

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