Trabajo prohibido e ilícito

Walter Neil Bühler

Trabajo prohibido e ilícito

La Ley de Contrato de Trabajo (LCT), diferencia (no sin cierta mezcolanza semántica), el trabajo prohibido y el trabajo ilícito.
El primero es a aquel en el cual se emplean personas cuya contratación estuviera prohibida legalmente o que lo hicieran en ciertas tareas, épocas o condiciones, vedadas por la legislación. Ejemplo de estas situaciones sería la contratación de menores de 16 años o mujeres que no pueden trabajar en tareas penosas o insalubres. También esta situación se presenta cuando las normas legales o reglamentarias no permiten el empleo de extranjeros. El trabajo prohibido únicamente causa efectos contra el empleador.
Se trata de impedir que el empleador, aprovechando el estado de necesidad que lleva al trabajador a consentir la transgresión legal, se enriquezca en virtud del contrato ilegal. Ello significa que el empresario no puede invocar la ilegalidad de la contratación para pretender eludir el pago de las remuneraciones y el cumplimiento de todas las obligaciones que impone la ley laboral, inclusive las referidas a indemnizaciones como consecuencia de la extinción del contrato.
Si la prohibición solo afecta parte del contrato pueden suprimirse esas disposiciones y seguir vigente por el resto, si resulta compatible con la continuidad laboral, y sin afectar los derechos del trabajador que hubiera adquirido mientras las cláusulas prohibidas subsistían. Por ejemplo, es el caso de un menor, de entre 16 y 18 años de edad, que trabaje más de 6 horas diarias. En este caso se deben abonar las horas de más que hubiera trabajado con anterioridad, y restringir el horario a partir de la subsanación de las cláusulas prohibidas.
La situación de desamparo de quienes se ven obligados al ejercicio de esta antigua profesión, merece algún tipo de protección social.
Distinta es la situación de los contratos de objeto ilícito que es aquel contrario a la moral y buenas costumbres, sancionadas legalmente.
En este caso se considera que la relación laboral es inexistente y la nulidad afecta también al trabajador. Es una noción muy cercana a la idea de conductas delictivas, en las que el trabajador tendría las figuras de cómplice, encubridor o coautor. Tal sería el caso del empleado en un desarmadero clandestino de autos o el conserje de un hotel donde se practica la prostitución. En ambos ejemplos el trabajador debe tener conocimiento de que en ese ámbito se desarrolla una actividad ilegal (si lo desconociera su situación se asimilaría a la de trabajo prohibido).
Una situación particular es la del ejercicio de la prostitución, pues la misma ley establece que no perjudicará al "trabajador." o "trabajadora", cuando las leyes, ordenanzas municipales o reglamentos de policía consientan, toleren o regulen cualquier trabajo inicialmente ilícito o contrario a la moral y buenas costumbres. Aunque el tema de la prostitución es de permanente actualidad en nuestra Provincia, desconocemos si en algún caso se practica con dependencia de un "empresario". En todos los casos la situación de desamparo de quienes se ven obligados al ejercicio de esta antigua profesión, merece algún tipo de protección social.

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