Aquel hiriente cantito futbolero que se entonaba en el Mundial 2014 "Brasil decime qué se siente" bien podría ser reemplazado hoy, con el trigo, por "Argentina decime qué se siente". Esta campaña agrícola será la primera, desde la siembra hasta la cosecha, en la que las condiciones de mercado serán bastante similares a lo que se podría calificar como "normalidad". Por la eliminación de los derechos de exportación y los cupos, mediante el manejo de los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) que dispuso el Gobierno en diciembre del año pasado el trigo está de vuelta. Hay que recordar desde dónde se parte. En ocho campañas, entre 2006/7 y 2013/14, la producción perdió 9.600 millones de dólares como consecuencia de los derechos de exportación y las restricciones al comercio, según había estimado un estudio de Raúl Dente, de la Federación de Acopiadores. El 61% de esa transferencia se derramó entre los exportadores, los molineros y los competidores externos, añadió. El 39% restante fue a parar al fisco y se transfirió a los más necesitados "sólo en la medida que hayan podido comprar alimentos al precio oficial", recordó el trabajo del especialista. En otras palabras, con el trigo hubo kirchnerismo en estado puro: decían que se beneficiaban los pobres pero al final ganaban los ricos. Hoy esa perspectiva suele ser omitida alegremente por algunos economistas y políticos que ahora le reprochan a la administración Macri haber eliminado rápidamente los derechos de exportación del trigo y al maíz. Son los que insisten con la receta de las retenciones y la intervención en el mercado cuando la evidencia demuestra que sólo sirvió para transferir recursos de un sector a otro. Desconocen los perjuicios que causaron en las dos puntas de la cadena: productores y consumidores. Tras el cambio de escenario, en el principal destino para el trigo argentino, Brasil, tienen expectativas positivas. Así lo percibieron quienes participaron de la reunión anual de la Asociación Brasileña de la Industria de Trigo, (Abitrigo), que se realizó la semana pasada en el estado de San Pablo. Ahora en Brasil quieren asegurarse disponibilidad y calidad del trigo argentino. Hay que recordar que hasta la campaña 2006/7 entre el 80 y el 90% de las importaciones brasileñas de trigo venían de la Argentina y ese porcentaje se redujo a 19% en el ciclo 13/14, según un trabajo de la Federación de Acopiadores. El resto se compondría por 700.000 toneladas de Uruguay y Paraguay y otras 700.000 toneladas, extra-Mercosur, de EEUU y Canadá. Esta normalización de la corriente comercial de la Argentina a Brasil permite que comiencen a explorarse otros proyectos. Buján contó que en Abitrigo se promocionó el puerto de Quequén como centro logístico para el trigo. A su vez, Bernaudo adelantó que en Agroindustria tienen la intención de alentar el estímulo comercial para los trigos de calidad superior. Aunque las perspectivas de precios no son alentadoras, la normalización de la corriente comercial del trigo argentino con Brasil, así como con otros destinos fuera del Mercosur, abre una puerta que hasta hace no mucho tiempo estaba cerrada como consecuencia de los ROE y los derechos de exportación. Para la producción, el trigo puede volver a ser el puente financiero hacia la cosecha gruesa y provocar un impacto positivo en la cadena. Aquí hay otra oportunidad para comenzar un ciclo de crecimiento.

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