La sorpresa de Donald Trump, electo presidente del país más poderoso del mundo, llega a confirmar el cambio de paradigma en la política o el éxito de la antipolítica. Lo que conlleva el interrogante sobre cuál es el esquema de pensamiento político que se fijará en el siglo XXI.
En el caso de EEUU, Trump jugó la carta del mensaje simple y claro. Sin sutilezas y con un rol activo -a casi violento- logró instalarse en los medios de comunicación. El "candidato" segmentó intereses, y mejoró más porque identificó claramente los malestares en el electorado y mantuvo una posición y discurso firmes. Donald salió de lo "políticamente correcto" y se mostró como un personaje antisistema.
Así que, con el manejo de contextos electorales, las redes sociales ejercieron un papel destacado tal como sucedió en el proceso de reelección de Barack Obama.
En paralelo, se suscriben algunos datos para destacar en esta elección. De acuerdo con Google, esta campaña fue la más buscada en América Latina desde 2004, cuando George Bush le ganó en segundo término al demócrata John Kerry. Otro antecedente fue que los usuarios reprodujeron más de 20 millones de horas las transmisiones de los debates presidenciales, por ejemplo en YouTube, a nivel global. A principios de 2015, la elección se colocó en la lista de los temas más comentados de Facebook. En Twitter se escribieron más de mil millones de twits -solo en EEUU- respecto al tema electoral, y la interacción con los candidatos fue alta, y cuya afinidad se afianzó por el twit en el que Hillary Clinton le pidió a Trump que "borre su cuenta". Este se convirtió en el mensaje más retwiteado de todo el proceso electoral y así dio pie a la red social para establecerse en el escenario de discusión directa durante toda la campaña.
Todo este ecosistema digital, plataformas de redes sociales, app''s y principalmente- la velocidad del acceso a la información cambiaron las reglas de juego y de análisis del electorado, además marcaron un antes y un después en los diferentes procesos electorales, algunos de ellos hoy se siguen analizando profundamente.
Trump se arriesgó. Escuchó y armó una estrategia segmentada, identificando lo que el americano sentía y necesitaba. Y lo tradujo en un proyecto político. Jugó fuerte y se impuso contra cualquier posibilidad y prejuicio, nada menos que en el presidente del país más fuerte del mundo.

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