Se fue un 2016 prácticamente vacío, sin sorpresas, de puro amagues y gambetas al éxito mismo. El año que se fue será rápidamente olvidado para el fútbol de entrecasa porque lo que perdura son los festejos y Salta está completamente anémica de esto.
El fútbol local siguió postrado en una mediocridad pegajosa, contagiante e infinita. Destila mala onda y se propaga en los medios, provoca reacciones antagónicas, crea falsas esperanzas, enconos, rencores, envidias y así, se llena de humo la casa.
Salta está empantanado y las culpas son compartidas, con lastre de años, con problemas de fondo, complejos y algunos daños casi irreparables.
Desde hace mucho tiempo se escucha en los tres clubes grandes, Juventud, Central y Gimnasia, que se reforzará el trabajo de las inferiores porque las bases están destruidas y los planteles se forman con gente de afuera, inexorablemente. Vienen jugadores que rellenan más de lo que aportan y la madera local no alcanza.
La gente está cansada de ver a sus equipos pegando manotazos, remar y remar para, ni siquiera, morir en la orilla.
Cansa leer lo mismo, escuchar lo mismo, hablar de lo mismo, los mismos "puteríos", los mismos jugadores, las mismas situaciones, todo es lo mismo (alguien me lo hizo notar en este 2016, y tiene toda la razón).
La gente sigue cansada de ver más de lo mismo. El agravante son los torneos que diagrama el Consejo Federal, que los vuelve aburridos, como una calesita que les hace dar vueltas a los equipos en el mismo lugar. Tampoco hay muchas opciones ya que todo se restringe a la pobreza de los clubes.
Solo el verdadero hincha, el pasional, el infaltable, el que está más allá de las desavenencias, ha dicho presente domingo a domingo y lo seguirá haciendo, estoicamente, sin importar el día, la hora y el lugar. Esos son los verdaderos merecedores de la gloria perdida.
Algunas buenas noticias también se hicieron presentes en el 2016. Claro que sí. El regreso de Central Norte a su cancha fue sublime, mágico e histórico. Deportivamente volvió a fracasar pero su destino fue sentenciado por una serie de penales, una fina línea que separa a los héroes de los malvados. Pero volver a ser local en su propia cancha, no tiene precio.
Gimnasia cerró el año ilusionando a sus hinchas aunque la irregularidad es una amenaza latente y habrá que ver si realmente tendrá cuerda para lo que le queda el campeonato. El albo, al menos, tiene una institución radiante, pujante, con vida que va más allá del fútbol y eso es perdurable.
Juventud es tal vez el club que no ha tenido más excusa que festejar los clásicos ganados sobre Gimnasia y Tiro, y un futuro incierto en el Federal A. Después ha dado malos ejemplos de institucionalidad con una guerra dirigencial en el último mes y una bochornosa elección suspendida.
La pobreza estructural de algunos clubes salteños se agravó con vergonzosas goleadas y abandonos en las divisiones inferiores que obligaron a la Liga a bajar a la tierra y remendar con recursos humanos para frenar la desidia de los grandes y la humillación de los chicos. Porque si de recursos se trata, la Liga sigue teniendo de sobra con sus negocios inmobiliarios que le permitieron expandirse (se inauguró un predio para las inferiores pero todo quedó en la inauguración) muy por encima de la evolución de sus formadores. Una cosa rarísima. La Liga no existiría sin los clubes y algunos clubes subsisten como pueden. En este sentido, la gestión del presidente Daniel Cáceres, que asumió en marzo, no dista mucho de lo que hizo Sergio Chibán. El 2017 asoma intrigante y solo hay que esperar que sea un mejor año para nuestro fútbol.

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