Julio Hernán Rocha, de 15 años, nació con hidrocefalia y mielomelingocele, enfermedades discapacitantes y permanentes. A pesar de sus dificultades, gracias a los cuidados de su abuelo y una tía, porque su madre lo abandonó al nacer y conocer su diagnóstico, obtuvo un desempeño sobresaliente en los juegos nacionales Evita realizados este año en Mar del Plata.
Allí, entre todos los atletas especiales del país, Julio obtuvo una medalla de oro en lanzamiento de bala y una medalla de plata en carrera de 80 metros, aunque no posee una silla de ruedas adaptada.
Su excelente desempeño en los campeonatos Evita, a pesar de las condiciones en las que entrena, le valió recibir una invitación para entrenar en Neuquén y ser parte del seleccionado argentino de deportes especiales, pero los costos le impiden cumplir su sueño.
El esfuerzo físico del joven nacido en Hipólito Yrigoyen fue reconocido de inmediato por el entrenador nacional Miguel Lezcano, en Buenos Aires, quien lo invitó a formar parte del seleccionado nacional de deportes especiales para que participe en diferentes disciplinas, como básquet, lanzamiento de bala, carrera y handball.

Mucha habilidad y fuerza

"Lezcano vio a Julio en los Evita y nos dijo que posee muchas habilidades y fuerza en sus brazos. Por eso quiere que entrene con él. Además, nos adelantó que si contara con una silla de ruedas adecuada podría llegar muy lejos en competición", contó orgullosa Andrea Rocha, su tía y a la vez madre adoptiva.
Para poder cumplir su sueño Julio debe estar en Neuquén del 20 al 25 del corriente, junto a su acompañanete, pero el costo de los boletos de avión que debe asumir por única vez es de $25 mil pesos y su familia no dispone de esos recursos. "Por el tipo de discapacidad de Julio, que usa pañales, no puede viajar tantas horas en colectivo. Por eso el costo de los pasajes es tan alto, porque además no puede viajar solo", remarcó su tía.

Una historia dura

Como todo en su vida, desde que nació, para Julio nada es fácil. Ahora se ve en la necesidad de apelar a las solidaridad de los oranenses para tratar de llegar a Neuquén a cumplir con su sueño de convertirse en un atleta sobresaliente a nivel internacional.
Julio nació en el 2001 con muy pocas expectativas de vida. Los médicos le diagnosticaron mielomelingocele e hidrocefalia, lo que hacía prever un futuro muy poco alentador. Quizá por miedo o por desconocimiento, su madre biológica decidió dejarlo a cargo de su abuelo, también Julio, y de su tía Andrea, quienes a pesar de ser solo tutores se convirtieron en sus padres. Ellos hicieron un trabajo increíble basado en el amor que inspiraba este pequeño guerrero de la vida.
Superar dificultades para sobrevivir fue su primera batalla. Tuvo que sortear varios obstáculos pero logró imponerse. Así, creció en medio de una familia humilde y se convirtió en un niño muy querido, no solo en su entorno sino en toda la localidad.
Don Julio, su abuelo, jubilado del ingenio El Tabacal; Andrea, su tía, cabo de la Policía, golpearon puertas durante años para gestionar una pensión por discapacidad. Escucharon mil promesas, pero la verdad es que el expediente nunca avanzó ni se logró nada.
Julio es un chico perseverante, nunca tuvo miedo a nada, ni a sus propias limitaciones. Terminó el tercer año del colegio San José Obrero con excelentes calificaciones. Es alegre, entusiasta, muy querido por sus docentes y compañeros, con los cuales pasa horas charlando, riendo, escuchando música, prefiere reggaetón y cumbia.

Dos años de entrenamiento

Hace casi dos años años recibió una propuesta que sin duda le cambiaría la vida. La profesora de educación física llegó a su casa para proponerle un gran desafío: entrenarlo para competir por primera vez en el torneo Evita para chicos especiales, y, sin dudarlo, se puso a trabajar en un duro entrenamiento.
Los recursos que tenían eran escasos, pero su familia lo acompaño día y noche: "Empecé a ejercitarme en lanzamiento de bala, con bolsas de arena; la primera vez que tuve una bala en mis manos fue en Mar del Plata", comentó Julio con inocencia y orgullo.
Durante la semana también entrenaba en velocidad en el terraplén de la construcción de la autopista, con una voluntad de hierro, para hacer los tiempos para llegar a competir en el torneo nacional.
Gracias al apoyo de su abuelo y de su tía llegó dos veces a Mar del Plata y cosechó medallas doradas y de plata en carrera de 80 metros y en lanzamiento de bala.
Si bien confiesa que su sueño es caminar, la principal preocupación es seguir entrenando para ser parte del seleccionado argentino de deportistas especiales, mientras la familia sigue tocando puertas para conseguir lo que por derecho le corresponde: una pensión por discapacidad que le garantice un ingreso mínimo y una cobertura médica que lo ayude en su desarrollo físico.

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