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Navegar por el lago Michigan, en Estados Unidos, puede ser un sueño para muchos. Aunque a veces ese paseo de película puede transformarse en una verdadera pesadilla. Algo así le ocurrió a Rylee, el cachorro de 10 meses que los esposos Kristin y Edward Casas decidieron embarcar para compartir la jornada náutica. Al rato de alejarse de la costa, la pareja alcanzó a escuchar extraños sonidos que venían del motor. Era una pequeña falla. La repararon y siguieron viaje. Todo estaba en su lugar. Pero tras varios minutos, llamaron a su adorable mascota y se encontraron con la triste sorpresa... ¡No estaba a bordo!
Se trata del pequeño Rylee, un ovejero belga que no llega al año de vida, quien encarnó una aventura digna de la ficción. ¿Por qué?
Porque cuando el matrimonio Casas comenzó a llamarlo, sin obtener respuestas, se dieron cuenta de que su mascota había caído por la borda."Inmediatamente, nuestros corazones se detuvieron. Estuvimos distraídos durante 10 minutos revisando la falla del motor y luego no lo encontramos en ninguna parte del barco", detalló Edward a al sitio ABC News.
"Inmediatamente, nuestros corazones se detuvieron. Estuvimos distraídos durante 10 minutos revisando la falla del motor y luego no lo encontramos en ninguna parte del barco", detalló Edward a al sitio ABC News.
De inmediato, cambiaron el rumbo y regresaron por el mismo camino, con la intención de encontrar al cachorro nadando. Y además, dieron aviso a las autoridades, quienes se encargaron de alertar a los pescadores de la presencia de Rylee en el lago.
Pese a los esfuerzos, no hubo suerte durante el día. Y a medida que pasaban las horas la angustia del matrimonio iba en aumento. Regresaron a la marina sin el animal. Pero Lynn Fiedor, a cargo del cuerpo de voluntarios del Equipo de búsqueda de animales perdidos, tenía una fe ciega: los ovejeros belgas se caracterizan por su inteligencia y capacidad atlética, y este en particular estaba siendo entrenado para convertirse en un perro de búsqueda y rescate. Cuando Lynn se enteró de eso, inmediatamente supo que el cachorro encontraría el camino para volver a casa. Y así sucedió.
A la mañana siguiente, una mujer avisó a las autoridades que había visto entrar a un perro de las características de Rylee a la zona del campamento, ubicado en medio de una arboleda. Para llegar allí, calculan que el joven can nadó cerca de 10 kilómetros y caminó otros 20 hasta llegar al lugar.
Al enterarse de la noticia, Kristin y Edward salieron en la búsqueda de su mascota. Hicieron sonar el juguete favorito del pastor belga, y recibieron una inmediata y emocionante respuesta. Rylee salió disparado y corrió hasta sus amos para concretar el esperado reencuentro. Ahora, el cachorro está a salvo junto a su familia. Por su fortaleza, inteligencia y algo de la siempre necesaria suerte, la historia tuvo un final feliz.
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