Hace pocas fechas en esta página, con el título de "Salta en un mundo en cambio", los doctores Moreno y Rodríguez, exponían con claridad meridiana el notable retraso de la región, señalando diversos ítems que nos colocan por debajo de otras provincias hermanas, aún cuando la naturaleza es pródiga en valiosos recursos para sustentar una sólida riqueza.
Se recuerda también el dinamismo de la economía en los tiempos virreinales, que le otorgara a Salta un lugar central. Más, las ansias libertarias que confluyen en el proceso emancipador, devino en un retraimiento para nuestro territorio, que no se ha logrado revertir a pesar de los dos siglos transcurridos.
En instancias de sortear las armas de la Patria una lucha desigual frente a los ejércitos realistas, la voz de un Congresal en 1816, se levantó para acercar ideas que mejoraran las condiciones económicas y sociales de la naciente República.
Registramos la iniciativa del Presbítero Dr. Manuel Antonio Acevedo, nacido en Salta el 25 de mayo de 1.770, quien realizara sus primeros estudios en el Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat, para luego ordenarse y graduarse de abogado en la Real Universidad de San Carlos en Córdoba.
Acevedo ejerció su ministerio sacerdotal en los valles calchaquíes, siendo el primer cura párroco de Cachi. Su próximo destino fue Molinos y más tarde Belén. Su meritoria labor le hizo acreedor a la diputación por la jurisdicción de Catamarca al Congreso de Tucumán, labor que desempeñó junto a José Eusebio Colombres.
Es notable su participación ante la magna asamblea en su carácter de clérigo, con oraciones y mociones sobre temas píos y referidos a la institución religiosa, pero también hubo de intervenir en numerosas oportunidades de manera eficaz acercando ideas útiles a la sociedad de su tiempo.
Acevedo, había conocido gran parte de nuestra geografía: sus estudios lo aproximaron a la región cordobesa, y en cumplimiento de su labor como pastor de almas recorrió los valles calchaquíes. Estos itinerarios le permitieron conocer las potencialidades del territorio, que se traducían en la vastedad de tierras de labor y de sus muchos recursos agrícolas, ganaderos y mineros. Pero también comprendía que sin la posesión de la tierra y de capitales que generaran el desarrollo, las perspectivas de crecimiento eran reducidas. En posesión de estos fundamentos, en la sesión del Congreso del 4 de junio de 1.817, efectúa el pedido de distribución de terrenos baldíos en las fronteras de Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Catamarca, Córdoba y demás provincias a favor de los beneméritos hijos de la patria.
Nuestro prelado, a quien Julián Toscano en su libro "El Primitivo Obispado del Tucumán" califica como "cabeza talentosa" y "orador fogoso", buscaba con estas asignaciones, la promoción de las labores agrícola - ganaderas como así también la producción de manufacturas.
El padre Acevedo era consciente de que la traslación del centro de gravedad del sistema comercial de Lima hacia el Atlántico, había vinculado a Buenos Aires por su ubicación geográfica con los puertos españoles, convirtiéndose progresivamente en la llave maestra de un activo comercio, en detrimento de los pobladores del interior, y en particular de nuestra región.
Hombre visionario, interpretó que había que proporcionar a los habitantes de la novel nación, instrumentos para que se produjera el desarrollo en las áreas de periferia.
Otra estrategia necesaria para el crecimiento del Estado es la apropiación del conocimiento por parte del soberano. Al respecto Acevedo, en la sesión del 13 de junio de 1.818 mociona a favor del establecimiento de escuelas de primeras letras en los pueblos de la campaña de las Provincias Unidas. Comprendía que la ilustración debía poner al individuo en mejor aptitud para salir con éxito en toda empresa. También entendía que debía facilitarse los medios a los pobladores de las áreas rurales para lograr la integración a las instituciones escolares. En sesión del martes 9 de marzo de 1.819, adhiere a la prohibición del tráfico de esclavos y a su introducción en el territorio del Estado, otra manifestación que expresa su concepto católico de igualdad, no solo ante la mirada del Altísimo, sino en la necesaria validación que otorga la sanción de la ley y su irrestricto respeto.
Acevedo fue el último presidente del Congreso antes de su disolución. Como consecuencia de la victoria federal de 1.820, fue puesto en prisión. Recuperó su libertad en 1.821. Ejerció el cargo de secretario de la Sala de Representantes en la ciudad de Buenos Aires. Luego, de regreso a Catamarca, retomó su ministerio sacerdotal. Allí desplegó una notable labor docente: abrió una escuela de primeras letras, fundó un seminario y dictó una cátedra de filosofía. Otro aporte sustantivo a la ciudadanía catamarqueña fue su labor en la redacción de la Constitución. Su última actuación legislativa fue en el Congreso General Constituyente de 1.824. Muchas de las iniciativas quedaron sin concreción por los desafortunados sucesos posteriores en nuestra historia. Aquellos eran tiempos de inestabilidad, habitados por las guerras de la emancipación americana. A doscientos años, las asimetrías persisten en nuestra región, generando exclusión, marginación e inequidad. El desafío actual para superar estas problemáticas, es resolver los vicios del sistema democrático, el que no ha logrado revertir la desigualdad en el seno de la sociedad. Esto conlleva el riesgo de poner en duda su validez, su eficacia y la capacidad de gestión de sus funcionarios. Hoy no luchamos contra los realistas, la lucha es con la errática conducción de la dirigencia y en la falta de formulación de sólidas políticas públicas. Es prioritario revertir la exclusión, la marginalidad y la pobreza generando los mecanismos que redunden en mayores niveles de producción. Pero es menester, que la recuperación económica tenga como sustrato, mayores niveles de institucionalización y pensar que la medida de todas las políticas es el Hombre. Ideal antiguo (Protágoras: Homo omnium rerum mensura est, El Hombre es la medida de todas las cosas) pero cuya vigencia debiera ser perenne. Necesitamos una dirigencia de hombres honestos con ideas inclusoras y humanitarias, con una sólida formación intelectual y con sentido de Patria. Necesitamos dirigentes como el padre Acevedo.

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