Decisiones económicas esperadas pero no por eso inocuas y un paso en falso en el terreno institucional sometieron al flamante gobierno de Cambiemos a un desgaste prematuro justo cuando aspiraba a expandir su acumulación política.
Ya se sabía que la liberación del cepo cambiario iba a provocar una devaluación rápida con evolución incierta sobre la economía, pero esa medida considerada necesaria por el equipo económico fue prologada por el inesperado nombramiento en comisión, sin acuerdo del Senado, de dos miembros de la Corte Suprema de Justicia.
Distintos voceros del nuevo gobierno señalaron que la designación apurada de Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz en la Corte buscó dar una muestra de autoridad a distintos sectores, incluso sobre la determinación de avanzar con decretos en terrenos difíciles de transitar a través del Congreso.
También fue una señal frente a un tribunal que había sorprendido ingratamente al presidente antes de asumir con el fallo sobre la coparticipación de impuestos. Así, el rellenado supremo buscaría equilibrar las cuotas de decisión del tribunal frente a próximos pronunciamientos.
Sin embargo, la eventual delimitación del terreno hacia Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte, provocó reacciones adversas en todo el arco político, incluso en los socios de Cambiemos.
Los radicales salieron a dar un respaldo orgánico a la decisión presidencial luego de haber sido recibidos en la Casa Rosada, pero internamente plantearon sus primeros reparos serios ante lo que podría ser un "modus operandi" presidencial.
Además, en pocas horas Macri pareció dinamitar los puentes que había construido durante el fin de semana con sus exrivales electorales Daniel Scioli, Sergio Massa, Margarita Stolbizer y Alberto Rodríguez Saá, y con todos los gobernadores del país.
El diálogo político, entre otras cosas, buscaba superar las limitaciones del Ejecutivo en el rubro gobernabilidad.
En ese marco, algunos en el Gobierno llegaron a preguntarse si los elegidos no desistirían de asumir. Finalmente, una reunión de urgencia entre Macri y Lorenzetti determinó que se active el proceso "regular" previsto por el decreto 222/2003, que prevé el procedimiento para nombrar a los miembros de la Corte, y que se posponga la jura hasta febrero.
No obstante, si no hay convocatoria a sesiones extraordinarias, el Senado no llegaría a tratar los pliegos de los postulantes antes de que los jueces presten juramento (si lo hacen).
El Frente para la Victoria, que tiene amplia mayoría en la Cámara alta, advirtió que si los abogados propuestos por Macri asumen antes, no aprobarían su designación. Este es un acertijo que debe resolver el Presidente.
La jugada de Macri no hizo más que unificar rápidamente a un Frente para la Victoria que ya entabló una lucha por el liderazgo luego de la derrota electoral. Esa homogeneidad temporal quedó reflejada en la convocatoria a una marcha frente al Congreso.
La movilización fue prevista en defensa de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que el nuevo Gobierno quiere modificar, aunque fue sumando consignas, incluso las económicas.
El anuncio de que la Argentina vive sin cepo al dólar después de cuatro años fue presentado en tono celebratorio pero hasta tanto no se acomoden los porotos implica una pérdida de poder adquisitivo de los salarios. De hecho, toda la dirigencia gremial se puso en guardia y empezó por reclamar un bono de fin de año.
Macri buscó aplacar los ánimos nombrando a un hombre de la CGT de Caló, Luis Alberto Scervino, al frente de la Superintendencia de Salud, que maneja la Caja de las Obras Sociales.
El rechazo al anuncio del ministro de Hacienda y Finanzas incluyó a Hugo Moyano. El líder camionero no anduvo con vueltas: "Espero que no le pongan un cepo a las paritarias", disparó quien busca ponerse a la cabeza de la reunificación de la CGT y parece haber encontrado un argumento para lograrlo. Del éxito o fracaso de esta coyuntura económica dependerá la longitud de la "luna de miel" macrista.

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