"Mirá:ya se esconde Mama Killa", dice Chacho, justo cuando termina la ceremonia. Efectivamente, la Luna se hunde en un remolino blanco detrás de las montañas. Ahora tenemos que regresar a la casa, donde no nos dejarán entrar; tal como lo indica la tradición. Con unos pasos más, terminará la ceremonia de "despacho" que se le hace al alma de Noemí, muerta hace solo 9 días. Nos vamos sin volver la vista atrás. Está terminantemente prohibido. Y no hay que preguntar el por qué.
Es noche entrada en El Churcal, en la Quebrada de Humahuaca. Mientras hacemos los ritos mortuorios, se escucha música y gritos nada compungidos: hay una fiesta en un edificio comunal en el centro del caserío, que desentona con la ceremonia. El lugar se encuentra entre Juella y Tilcara, a un par de kilómetros de la ruta nacional 9, que recorre toda esta extensión declarada Patrimonio de la Humanidad por sus paisajes y por la tradición de sus habitantes.
Entre esas costumbres se encuentra el "despacho" de las almas de los muertos. Según la tradición local, que mezcla teologías precoloniales con la liturgia cristiana, después de morir el alma tiene 9 días para volver a los lugares que conoció en vida "para recoger sus memorias"; según nos cuenta María, aprendiz de curandera y quien llevó adelante los oficios. Después de eso, el alma comienza su viaje definitivo al "otro reino". Para facilitárselo, se le hace el "despacho", donde esencialmente se queman algunas de sus posesiones y los seres queridos se despiden.
En ese noveno día, se arma un muñeco con prendas del muerto y se lo pone un pequeño altar en el interior de una casa. Allí está el centro del "despacho". El lugar se encuentra lleno de invitados, conocidos y familiares, que comen, beben y, sobre todo, recuerdan. Los recién llegados se postran ante el muñeco y lo tocan y sollozan y le dicen cosas en voz baja. Seguramente, cosas que no pudieron decirse ante lo repentino de la muerte de Noemí. "Antiguamente se enterraba un perrito vivo. Capaz aún se hace en alguna comunidad de la Puna. Pero ahora se pone un caballito de madera. Es para que acompañe al almita que va a estar sola hasta que entre a su nuevo reino", explica María.En las alforjas del caballito se han colocados comidas que gustaban en vida a Noemí. Antes, se lavó las pertenencias de la desaparecida en el río -ropas, sábanas, calzado, etc.-, para que el agua se llevase los recuerdos. Ahora esa ropa está en el altar. En otra caja hay flores y en otra lo que se barrió del cuarto donde se rezó por nueve días.
Llegado el momento, unas pocas personas se llevan el altar al monte. En un lugar elegido ya se cavó un pequeño agujero rectangular. A su lado, se levanta una cruz alumbrada por dos velas. Al muñeco se lo pone junto, mirando hacia el Este. Para comenzar, María reza y convoca a la Pachamama. Luego se queman las cajas. "De acuerdo al humo sabemos si alma se va bien", advierte María. En este caso, es humo blanco: una buena señal. Todos lo comentan entre risas. No hay tristeza entre los oficiantes. Todos comprenden que la muerte es un ciclo de la vida y que no es el fin. Por eso la ceremonia del "despacho" confirma que estos ciclos también se repiten en lo invisible. Hacia donde escapa el humo junto a nuestras plegarias: todo sigue su curso.

Una larga despedida para la muerte

"Si bien la vida comienza con un acto maravilloso y misterioso, también se termina con otro acto maravilloso y misterioso", nos dice el plástico salteño Emilio Haro Galli, actualmente radicado en Tilcara, y quien nos sumó al grupo de "despachantes". Las culturas tradicionales del Norte argentino han podido resguardar su visión originaria acerca del significado de la muerte a través de ritos y liturgias. Sin embargo, como bien explica Haro Galli, "varían según las familias", debido a que es "tradición oral". Al año deberemos regresar. Se hace una gran reunión, con comidas y bebidas. Y a los tres años la ceremonia será aún mayor y también será la última del largo proceso. Se supone que "ya no nos dolerá" tanto la ausencia de Noemí.

En la Quebrada de Humahuaca las tradiciones aún están vivas

El hombre tradicional de nuestra región vive su realidad a través del tamiz de lo mágico. Y la ordena con ritos y liturgias que la secuencian a lo largo del año. Incluyendo los imponderables sucesos que puedan surgir, nada está ajeno, nada es azaroso en la vida frugal y práctica de personas relacionadas con el trabajo en la tierra y sus ciclos.
Dentro de estas tradiciones, las ceremonias de "despacho" se repiten a lo largo de la región andina, con especial énfasis durante el Día de los Fieles Difuntos, en el que se supone que las almas de los muertos regresan al mundo para estar con sus seres queridos. Esa misma noche se les hace un "despacho" para que regresen "a su reino". En esas ocasiones se amasan cientos de panes con diferentes figuras, que luego se repartirán entre los seres queri dos.
Pero al tratarse de ceremonias que no tienen reglas escritas, las tradiciones orales le van sumando o quitando detalles que finalmente las diferencian.
Por ejemplo, en la noche del "despacho" de Noemí, al finalizar los rituales, los "despachantes" juramentamos no revelar jamás el lugar de la ceremonia. Aunque el sitio elegido estuviera bastante cerca de la casa familiar y los rastros que dejamos fuesen más que evidentes. A lo largo de los ritos, los invitados tuvimos que terminar todas las bebidas alcohólicas ofrecidas para el "despacho".
Luego, encontrar el camino de regreso. Para tomarlo, debíamos también recoger ramilletes de "yuyos útiles" o que pudieran ser usados en tisanas. "Es que se supone que el contacto con 'el otro mundo' que tuvimos nos convirtió en curanderos", nos explicó María, que conducía oficios y rezos. "Munidos" de esta manera, debíamos "forzar" la entrada de la casa donde se había oficiado durante el día y donde los familiares y amigos esperaban en penumbras y en silencio. Una vez dentro, "vendimos" los ramilletes, que fueron "pagados" con billetes de papel de diario. "Esa plata simbólica se guarda para que al año se pueda pagar la ceremonia", nos dicen.

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Sección Editorial

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tiziano  ferio
tiziano ferio · Hace 1 mes

bien por la conservación de las costumbres mientras se erradiquen de las mismas los caracteres barbáricos como el entierro del perrito y la libación desenfrenada de alcohol como relata el artículo


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