Las elecciones legislativas de mañana en Venezuela serán la más antidemocráticas que se han visto en la historia reciente de Latinoamérica, con la excepción de Cuba. Y, sin embargo, es probable que la oposición gane por un margen abrumador, y que lleve al principio del fin de la corruptocracia cívicomilitar que gobierna. Las normas del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela, controlado por el gobierno de Nicolás Maduro, no podrían ser más injustas. El CNE ha escrito las reglas de tal manera que la oposición debe ganar más de un 60% del voto popular y vencer docenas de obstáculos para ganar una mayoría en el Congreso.
No es casualidad que Maduro no haya permitido la presencia de observadores internacionales creíbles de la Organización de los Estados Americanos o de la UE. Venezuela solo aceptará una delegación de "acompañantes electorales" de la Unasur, una institución que según expertos electorales independientes solo hará turismo electoral.
Y a pesar de todo esto, los encuestadores dicen que la oposición arrasará en las urnas, por el colapso económico y social de Venezuela. La economía del país se contrajo un 8 por ciento este año, y su tasa de inflación de casi el 200 por ciento es la más alta del mundo.
Una encuesta de la firma venezolana Datanálisis dice que el 63 por ciento del voto popular irá para los candidatos de la oposición, y solo el 28 por ciento para los del gobierno.
Alfredo Croes, de la firma encuestadora Venebarometro, me dijo que a pesar del ventajismo gubernamental en la representación electoral, es probable que la oposición gane 103 escaños en la Asamblea Nacional, de 167 escaños. Eso le daría a la oposición más de los 84 escaños que necesitaría para obtener una mayoría simple, lo que le permitiría controlar el presupuesto del país, e iniciar investigaciones sobre corrupción y narcotráfico de funcionarios gubernamentales.
Mi opinión: Hasta hace poco, creía que Maduro daría un autogolpe y cancelaría las elecciones del 6 de diciembre. Pero tal vez ya sea demasiado tarde para eso. Amigos en Venezuela me dicen que, dado el sentimiento antigubernamental generalizado, Maduro generaría una explosión social y una condena internacional si anula la elección.
Es probable, entonces, que Maduro permita la elección, y dé un golpe postelectoral, cuando el mundo esté mirando para otro lado. Para evitar que la Asamblea Nacional inicie investigaciones sobre corrupción y narcotrafico, Maduro podría tomar control del nuevo congreso, mediante la compra de legisladores de oposición, o mediante un decretazo que limite los poderes legislativos.
Pero, esta vez, no le va a ser tan fácil. Las cosas han cambiado. Con los precios del petróleo por el suelo, Maduro tiene mucho menos dinero para comprar lealtades.
Y con Brasil en medio de una severa crisis que está obligando a su gobierno a tomar cierta distancia de Venezuela, y con el triunfo en Argentina del líder opositor Mauricio Macri, un crítico abierto de la prepotencia autoritaria de Maduro, el régimen venezolano ya no puede contar con que los países más grandes de Sudamérica validen sus abusos electorales.
Por primera vez en años, la oposición venezolana podría recuperar el Congreso y poner al régimen a la defensiva después del 6 de diciembre.

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