Fue lamentable lo que sucedió con los jueces de línea al finalizar el partido en el estadio Padre Martearena, en la zona de vestuarios. Allí, se produjeron unos forcejeos entre los colaboradores del árbitro Guillermo González y allegados a Juventud, reclamando estos últimos unos fallos que consideraron que no fueron justos. Hubo denuncias en los medios por parte de Laureano Leiva, quien manifestó que a uno de ellos le torcieron el brazo, tomando conocimiento del médico apostado allí para certificar la lesión y al otro lo escupieron. Todo quedó inscripto en el informe que ahora González elevará al tribunal de disciplina del Consejo Federal.
Nada justifica la reacción porque se lo perjudica a Juventud, echando por tierra los dichos de Pepe Muratore. "Cambió la imagen de Juventud en el Consejo", había dicho el titular.

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