El sábado 7 de mayo no será un día más para los hijos de Pamela Vargas, la madre de los cinco niños que se salvaron de milagro luego de un incendio ocurrido en el interior del humilde hogar. Cerca de las 18.30, en la casa del barrio Municipal ubicada en la calle Santa Fe al 1800, un desperfecto eléctrico provocó el foco ígneo. En cuestión de minutos la voracidad de las llamas hizo que los pocos elementos que habían quedaran reducidos a cenizas. "Nos quedamos con lo puesto, perdimos absolutamente todo", expresó entre lágrimas la madre de los chicos.
El daño material fue total, sin embargo, y frente a tamaña desgracia, Pamela y su padre hicieron una pausa, se miraron a los ojos y casi al unísono emergió como un bálsamo el alivio de contar que los chicos salieron ilesos. "Gracias a Dios frente al tremendo incendio mis hijos no se acobardaron y salieron corriendo. La mayor de 10 años alzó a la bebé de dos años y los otros dos de 6 y 5 (nena y varón, respectivamente) también corrieron por el largo pasillo que conduce hacia afuera", relató la mujer.
Pamela Vargas DUEÑA DE CASA “Gracias a Dios los chicos no se acobardaron y salieron corriendo, la mayor corrió con la bebé en sus brazos”.
En el momento del incendio Pamela se encontraba en el asentamiento Santa Mónica. "Fui para avisar que no iba a poder quedarme por la noche, recibí un mensaje de mi hermana Carina, quien a su vez recibió el alerta de mi cuñada, me dijo que mi casa se estaba quemando y de inmediato salimos para allá". Dos dotaciones de bomberos llegaron al barrio y lograron contener el foco ígneo.
La casa donde prácticamente Pamela se crió, "vivo en el mismo lugar hace más de 20 años", quedó en ruinas. En pocas horas el dolor se tradujo en una profunda necesidad. "Ropita para las nenas me trajeron bastante, lo que me falta es ropa para los changos", expresó sollozando la mujer y, sin poder contener el llanto manifestó: "Pero lo que más necesito ahora es un lugar donde vivir con mis hijos, por lo pronto nos fuimos al asentamiento, porque no tenemos dónde más ir". Quebrada tuvo que hacer un minuto para calmarse y seguir su relato. Mientras su padre trataba de consolarla y susurraba: "Pensar que hace unos años atrás, con la crecida del río el agua llegó hasta casi un metro -señala con su mano la pared- fue impresionante".
Juguetes amados por cada uno de los niños quedaron en la humilde casa, carbonizados y sin sentido; carpetas y hojas escolares tiradas entre las cenizas. Con la esperanza de que pronto alguien les tenderá una mano, Pamela y sus hijos permanecerán en el asentamiento a la espera de una ayuda.


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Sección Editorial

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daniel jorge  bernabe
daniel jorge bernabe · Hace 6 meses

SEÑORA PAMELA EN LO QUE LE PUEDA AYUDAR TENGO UNAS MESAS Y SILLAS Y UNAS CAMAS ALGO MAS QUE A USTED LE SIRVA LE DEJO MI CELULAR 3875147805


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