El padre franciscano Martín Caserta, perteneciente a la Misión San Francisco de Pichanal, está postulado para el premio anual Abanderados de la Argentina Solidaria 2016.
El padre Martín llegó hace 4 años a la Misión San Francisco de Pichanal luego de haber trabajado durante años en Buenos Aires. Con mucho compromiso logró concretar varios proyectos que cubrieron algunas de las tantas necesidades de la gente de la misión.
"Cuando llegué me sorprendió encontrar una comunidad que quería despertar, buscando medios y recursos"
Comparando con otras realidades Caserta explicó que en la misión se vive otra cosa: "Hay muchos niños; eso es lo que ayuda a acercarnos, a no tener miedo al encuentro, porque el miedo paraliza y nos hace tomar distancia".
A diario se enfrenta a problemas como el hambre, la injusticia, enfermedades y hasta peleas familiares o una simple tarea escolar sin resolver.
Feliz por esta posibilidad remarca que se siente el abanderado "de un proyecto, de un grupo de trabajo donde más de 100 personas trabajan todos los días en equipo".
El franciscano hace hincapié en que es necesario muchas veces visualizar el trabajo solidario pero para que contagie, ya que muchas veces la comunidad Ava Guaraní trasciende más por los problemas sociales que por los gestos solidarios.
"Venimos despertándonos para seguir transformando a la misión en un espacio de vida para otros", describe.
En fray Martín están representados algunos de los tantos proyectos pensados para la comunidad, sueños, "deseos de que cada vez seamos más los que trabajemos por una comunidad, una provincia y un país más solidarios", dice.

Los problema a resolver

El reciclado de basura es un grave problema que se debe resolver de manera urgente. La comunidad se encuentra ubicada cerca del basural a cielo abierto y como no se trabaja en el reciclado todos los residuos se queman provocando serios problemas de salud, desde respiratorios hasta intoxicaciones o infecciones en la piel.
Otra deuda pendiente por excelencia es la salud, dado que la comunidad Ava Guaraní no tiene un sistema de salud que contemple la densidad poblacional, porque el 80% de los habitantes son niños y Pichanal no cuenta con un pediatra, ni siquiera para hacerles los controles básicos.
En este contexto el fray dijo: "De milagro no se mueren mas chicos en nuestra comunidad. No hay controles pediátricos por ejemplo. Hay gente que nos ayuda pero la lástima y la compasión no sirven para transformar la realidad social, se necesita compromiso, una voluntad solidaria de verdad".
"Venimos despertándonos. Despertar de la pasividad, de no hacer nada por la desnutrición, por los adictos, etcétera. De mi parte, el objetivo fue buscar medios y recursos para que la comunidad pueda concretar y realizar los proyectos".
El Centro Nutricional Tekove Katu ("Lugar de vida" en idioma guaraní) funciona desde hace dos años.
El mismo asiste alimentariamente a un grupo de entre 40 y 60 niños y niñas de entre 6 meses y 4 años de edad, que están en riego nutricional. "Hemos llegado a un tope de 90 espacios para jugar y recrearse con un trato más ameno", describió el fraile con alegría.
Entre los proyectos también se encuentra completar un centro polideportivo al que ya acuden más de 100 adolescentes y jóvenes, para mantenerlos alejados de las tentaciones y los vicios.
Caserta también implementó un comedor como trabajo de verano. Por ejemplo, este año más de 600 niños asistían con sus platos para recibir el almuerzo en época de vacaciones escolares.

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