A golpes se hizo la Argentina... Sin duda, no hay golpes de Estado "buenos", lo que no quita que, desde el que protagonizó San Martín, pasando por el que intentó Mitre, el que padecimos en 1976 y los institucionales que vinieron luego, tal vez algunos hayan sido concebidos de manera inteligente. Indudablemente también, todos los golpes de Estado, al menos los "exitosos", han introducido cambios en nuestro desenvolvimiento como Nación, aunque es discutible que hayan servido para algo.
Más allá de la nutrida experiencia golpista de la Argentina, probablemente se pueda coincidir en que el golpe contra el presidente Arturo Illia, el 28 de junio de 1966, fue, además de injusto, absolutamente contraproducente y origen de muchos conflictos que en buena medida todavía no están resueltos.
En efecto, la Argentina vivió durante la gestión de Arturo Illia un período de completa libertad, respeto por las instituciones, elevado crecimiento del PBI y progreso social y notoria expansión de la educación, de la mano de iniciativas como el salario mínimo y la jubilación del 82%, por ejemplo.
Como cuestión no menor, un inteligente enfoque económico hacia el sector externo -luego recogido por la literatura macroeconómica como herramienta de política económica- le permitió a la Argentina superar el crónico estancamiento económico que se generaba por el estrangulamiento de divisas, porque las políticas populistas cerraban las exportaciones en tanto el PBI requería vitales importaciones para crecer.
A eso debe sumarse el vuelo cultural que disfrutaba nuestro país, con institutos como el Di Tella, notoriamente vanguardista, y otros muchos ejemplos de políticas inteligentes y exitosas, como la exterior, que nos posicionaban entre los países más avanzados, en especial, en América Latina, destacándose las lúcidas iniciativas de la Cancillería que lograron que Naciones Unidas planteara la discusión entre el Reino Unido y nuestro país por el tema Malvinas, que las postrimerías del golpe de 1976, luego de la aventura del "general majestuoso", dinamitaran por completo. Adicionalmente, y como también lo intentara el gobierno del presidente Arturo Frondizi, al peronismo, que había sido proscripto por otro golpe de Estado, se le permitió presentarse a elecciones, en un abortado, por el golpe, intento de Illia de incorporar progresivamente esa fuerza política a la vida institucional.
Sin embargo, muchos "pensantes" de la Argentina -"pensantes", que al decir de nuestro Jaime Dávalos no son exclusivos de Salta...- consideraban que había que introducir un "cambio de estructuras", ¿de cuáles y por cuáles otras?, o que "este país necesitaba una guerra civil, como la de España, con un millón de muertos", ¿no tuvimos más de veinte años de guerras civiles con muertos que no podían llegar al millón porque nuestra población no alcanzaba ese número?...-
El caso es que el gobierno del Presidente Illia fue derrocado por un golpe militar, con una injustificada pasividad civil, y los resultados nefastos no tardaron en llegar: el cambio de estructuras se dio por un militar, Onganía, que fue legalista y se convirtió en fascista tratando de imitar al régimen español de Franco que ya colapsaba.
En cuanto a la guerra "que nos faltaba", ésta no produjo el millón de muertos proclamado, pero sí varias decenas al principio, y en el golpe de 1976, varios miles, contando ambos bandos, sin olvidar "el Cordobazo", de 1969, el secuestro y cobarde asesinato del general Aramburu en 1970, y la seguidilla de asesinatos perpetrados por las organizaciones terroristas que proliferaron, complementado por los asesinatos de la Triple A. En resumen, un golpe de Estado injustificado, torpe y con proyecciones terribles.
Los economistas sostienen que el hombre actúa racionalmente, y una escuela económica en particular afirma que las personas no cometen errores sistemáticos.
Por supuesto, esos economistas no son argentinos, porque es más que evidente que no nos cansamos de cometer errores sistemáticos y reiterativos, en política y en economía al menos.
En la actualidad no hay golpes de estado a cargo de militares, pero hay porciones de la sociedad, con filiaciones políticas diversas, que "no se aguantan" un gobierno que no comparten, y no vacilarían en sumar iniciativas para contribuir a destituirlos.
Tal vez sería hora de repensar nuestro sistema institucional que le otorga al presidente, tanto formal como implícitamente, no la suma del poder, pero sí la suma de todas las responsabilidades, tarea que, con pocas excepciones, los presidentes de turno asumen encantados, lo que hace que, de acertar en lo fundamental se transformen en Gardel, y en caso contrario, en demonios que deben ser eliminados rápidamente.
Probablemente una compartimentación de las actuales tareas presidenciales, separando las administrativas de las estratégicas que los presidentes deben llevar a cabo al mismo tiempo, le dé más estabilidad institucional a la Argentina y preserve al primer magistrado del desgaste de la resolución de lo problemas cotidianos. Claro; habrá que ver si el narcisismo de los argentinos devenidos en presidentes lo permite.

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Sección Editorial

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· Hace 5 meses

Que peridda de tiempo. Hubiera visto quien la escribio y ni lo leia. quien podria pensar que es Radical? Claro, de esos radicales que salian a golpear la puera de los milicos cada vez que el gobierno electo no le gustaba . . .

· Hace 5 meses

Imposible de ocultar el alma derechosa de este diario, ademas de la pesima redacción. "desenvolvimiento "?. Hubiera sido lindo que explique, que significa: " vitales importaciones para crecer"!!!??? ¿Cómo creces si benefcias la producción extranjera por sobre la Nacional?


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