Hoy, a las 20, en la Cámara de Comercio (España 339) Ricardo Alonso presentará su libro Geología social y urbana, un compendio de trabajos donde se coloca bajo la lupa la realidad humana -por lo tanto, social- en su ambiente, que es la tierra.
Alonso, que es doctor en Geología, investigador y educador, ha sido en reiteradas oportunidades reconocido a nivel nacional e internacional por sus trabajos científicos y por su notable constancia para difundir el conocimiento acerca de la tierra que nos cobija.
Además de ser un reconocido docente de la UNSa, es columnista de El Tribuno desde hace cuatro décadas (es decir, desde que se graduó) y en su libro rinde tributo a los dos espacios culturales de los que participa, Salta en un mundo en cambio y el Centro de Estudios y Formación Política Juan Domingo Perón.
En el prólogo del Dr. José Sellés Martínez queda en relieve la importancia insoslayable de la geología para la planificación de las ciudades a escala humana y en armonía con el ambiente.
Vivimos en el período geológico llamado "antropoceno", es decir, regido por la presencia humana que impone su sello de inteligencia racional, para mejorar la vida, en la mayoría de los casos, pero también con la posibilidad de destruirla y de arrasar con el planeta.
Alonso cultiva el pensamiento científico y lo contrapone a la creencia mágica. La tierra es la Pachamama para la cultura andina, y esa inspiración, podríamos llamarla, "metafísica" le permitió su desarrollo civilizatorio. Pero el amauta y el científico miran a esa tierra que nos contiene desde horizontes distintos y no contradictorios.
El texto de Ricardo Alonso aborda los problemas ambientales de Salta y el NOA con ejemplos concretos y perspectivas superadoras.
La lectura de Geología social y urbana brinda dos servicios concretos, además de ser muy entretenida.
El primero, muestra los disparates que se producen por la ausencia de planificación urbana en materia de basurales, obstrucción de ríos y desages, desarrollos inadecuados y abandonos injustificables. En este caso, las anécdotas del cadáver de un elefante en el río Arias, depositado por un circo a fines de los años sesenta, o la descarga de un cargamento de bananas podridas en las aguas del Arenales ponen condimento gracioso a prácticas cotidianas carentes de gracia.
Es decir, Alonso brinda el servicio de llamar la atención a las autoridades que cuidar el ambiente no es poesía ambientalista ni una utopía de la naturaleza, sino una necesidad del hombre, cuya vida necesita de la tierra.
El otro servicio es brindar una mirada racional sobre la tierra, contrapuesta a la fantasías ecologistas, muchas veces mal intencionadas, que distraen la atención con diatribas políticas y escenografías cinematográficas y, de ese modo, evitan que los problemas reales se registren.
No hay desarrollo sustentable si al quehacer humano se lo contrapone con la existencia de la naturaleza.
El libro de Alonso y los numerosos autores que cita sirven como antídoto contra la filosofía de la decadencia que prevalece desde hace un siglo en el ámbito académico.
Ese decadentismo ha logrado satanizar a la minería a cielo abierto, como si algún ser humano pudiera prescindir hoy de los frutos de la actividad minera; reniegan de la energía atómica sin evaluar sus ventajas respecto a las otras fuentes energéticas; aterrorizan con el calentamiento global sin constatar que existan pruebas científicas de que la actividad humana sea la causante de los cambios climáticos.
De todo eso, minuciosamente, habla Alonso en su recomendable libro.
Sin desarrollo sustentable de la minería y la producción agroganadera, Salta no tiene posibilidad alguna de generar empleo y calidad de vida. Por eso, la obra de este geólogo, comprometido con su provincia y su gente, es recomendable para el ciudadano común interesado en la naturaleza, y para quienes asumen responsabilidades sociales, empresarias, políticas y académicas en Salta y en el país.

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