Si efectivamente existiera un partido político "agropecuario", el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, sería uno de sus referentes más conspicuos. Líder de masas en escala reducida, Etchevehere abrió las puertas de su pago chico para recibir con bombos y platillos a un jefe de Estado por primera vez en 14 años y dejar así inaugurada la 130ª edición de la Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria en el predio del barrio porteño de Palermo.
Junto al presidente Mauricio Macri, quien no escatimó en guiños al campo desde que asumió en la Casa Rosada a fines de 2015, más allá de las complicaciones por las que transita actualmente la industria lechera, Etchevehere se mostró exultante en el palco oficial y lanzó un discurso ácido, cargado de contenido político y enfocado en un destinatario inequívoco: el kirchnerismo.
Envalentonado por los aplausos, el jefe de la SRA recibió a Macri allí donde los Kirchner, primero Néstor y luego Cristina, se habían resistido a mostrarse en persona.
Expresiones como populismo, indignidad, prepotencia, corrupción y autoritarismo se constituyeron en ejes de su discurso, vitoreado por el público especialmente cuando Etchevehere enfatizó que "el saqueo de la República no debe quedar impune" y reclamó cárcel para los funcionarios del gobierno anterior que se hayan desempeñado al margen de la ley.
Hay casos aislados que se escriben con "K", pero Etchevehere se pronunció en términos en el epílogo de una semana en la que referentes del kirchnerismo residual intensificaron los esfuerzos para maquillar como "casos aislados" los eventuales delitos de corrupción cometidos por dirigentes del gobierno anterior.
Si bien los recientes acontecimientos llevaron a cuadros de la talla de Héctor Recalde, presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria (FpV), a reconocer que la administración kirchnerista cobijó a funcionarios "corruptos" en su regazo, en general, la premisa de quienes anhelan el regreso de Cristina Fernández al poder es insistir en medios de prensa que se trató únicamente de episodios excepcionales.
Claro que el hallazgo de casi 5 millones de dólares (4.664.000 en total) en cajas de seguridad a nombre de Florencia Kirchner, una persona de la que no se sabe con certeza de qué ha trabajado en los últimos años, más allá de cumplir con su rol de hija de un matrimonio de empresarios de la política, ha provocado cierta intranquilidad en dirigentes afines al gobierno anterior, que varios días después siguen comentando lo sucedido.
Si bien Florencia brindó las explicaciones del caso -habló incluso de la sucesión de su padre fallecido y de la cesión de gananciales que efectuara su madre- y será en definitiva la Justicia la que determinará el origen, legal o no, de ese dinero, el desafío de mantener en alto la pancarta de los "casos aislados" parece tornarse cada día más cuesta arriba.
De todos modos, recursos seguramente no le faltarán a la familia Kirchner, que supo amasar una fortuna durante sus casi tres décadas consecutivas en la función pública, para motorizar el operativo retorno de Cristina a cargos ejecutivos o legislativos, mientras el FpV -o lo que queda de él- contraataca golpeando en donde más le duele al Gobierno: inflación, desempleo, recesión y tarifazo, un póquer de argumentos válidos para cuestionar y confrontar.
El público con sus familias, políticos y allegados al Gobierno volvieron a la Rural, le dieron brillo, color y calor a una semana que desde hace varios años no tenía la fiesta que siempre tuvo, y que no nunca debió perderse con el gobierno "K".

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