La creación de un nuevo indexador basado en el costo promedio de la construcción, y por el que se podrán ajustar de ahora en más depósitos y préstamos, constituye un loable intento por tratar de regenerar el financiamiento bancario a mediano y largo plazo en el país, con eje en el crédito hipotecario.
Pero la decisión de atar su actualización futura a la variación de otro manoseado coeficiente (el CER), que está basado en la evolución del índice de precios al consumidor, algo de lo que el país aún carece, parece cuanto menos arriesgada.
En especial cuando el propio Gobierno (por vía de los respectivos ministros) admite que aún queda un remanente de "inflación reprimida" por sincerar (en alusión a las tarifas energéticas y de transportes).
Por lo pronto, el sistema que anunció ayer el BCRA tiene como principal virtud la remoción de la principal barrera de acceso al financiamiento para compra de vivienda, que es el elevado nivel de las cuotas iniciales.
Para ponerlo en números: en un crédito promedio de 1 millón de pesos, reduce la cuota inicial de $ 20.600 a casi $ 8000, es decir, a casi un 40%. De esta manera, extiende el universo de potenciales tomadores en igual proporción.
Pero necesitará apoyarse en un retroceso sostenido de la inflación y un extendido período de estabilidad de precios para que la demanda responda. A 36 años de la tristemente célebre circular 1050 (aquella que tanto benefició a la familia Kirchner en esos años) y a 15 años de la explosión de la convertibilidad, la gente aprendió a desconfiar de los esquemas indexatorios que pueden hacer que el valor de la deuda contraída supere al del inmueble que la respalda; eso que estadounidenses y españoles supieron -también con dolor- mucho después.
La experiencia chilena, en la que abreva Federico Sturzenegger, puede ser instructiva al respecto. Chile creó por ley la Unidad de Fomento (UF) en 1967 para atar el valor de los ahorros a la variación de los precios y preservar el poder adquisitivo del ahorrista. Luego, este sistema de ajuste, con origen en una moneda diferencial a la transaccional ,se extendió a créditos, inversiones y contratos hasta universalizarse.
Y fue a partir de este instrumento que ese país logró construir un sistema bancario seis veces más grande que el argentino, básicamente porque las entidades tienen el 20% de su activo respaldado en hipotecas, mientras aquí en los bancos esa proporción apenas ronda el 1%. Pero la UF sólo logró imponerse de 1994 en adelante, es decir, desde que Chile estabilizó su inflación en un dígito anual, algo que no se modificó hasta hoy.
El intento por trasplantar ese sistema aquí luce algo apresurado, tal vez porque se priorizó la necesidad de generar expectativas optimistas cuando la gente comienza a sufrir el enfriamiento en la tasa de actividad económica.
Los analistas incluso juzgan que hubiera sido preferible hacerlo por ley (para que la UVI sea una moneda accesoria al peso), o incluyendo cláusulas que consideren la evolución de los ingresos en la fórmula de indexación. La clave será que la inflación baje, lo que daría a pensar que se luchará para lograrlo. Pero el antecedente cercano del CER obliga a ser precavidos al respecto.

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Sección Editorial

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Juan Ruiz
Juan Ruiz · Hace 7 meses

Esto seguramente va a producir otra usura como la circular 1050.


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