Fue la crónica de una muerte anunciada. La renuncia de Oscar Villa Nougués debió haberse producido mucho antes, ya que su gestión no logró dar solución a ninguna de las áreas claves que le tocó conducir. Eso, pese a haber sido uno de los ministros de Salud de Salta que más años estuvo al frente de su cartera; un dato paradójico si los hay.
El exfuncionario, quien tiene aspiraciones políticas en el municipio de Metán, no quería que su imagen continuara en deterioro y decidió dar un paso al costado. No hubo pedido de renuncia por parte del gobernador, confirmaron ayer a El Tribuno fuentes inobjetables del entorno de Juan Manuel Urtubey.
Es evidente que Salta tiene problemas estructurales que no son adjudicables a una sola persona. Sin embargo, el mal manejo en la epidemia del dengue en Orán, el elevadísimo número de casos de gripe A que hay en la provincia y la situación crítica de muchos hospitales del interior nunca tuvieron una política efectiva.
La situación fue denunciada incluso en una editorial de El Tribuno.
Esto también ocurrió tras las muertes por desnutrición que lamentó Salta, llegando a un extremo de ocultar dos casos de niños de Pichanal que reveló este medio antes que el propio Ministerio de Salud.
El gobernador Urtubey probablemente no haya reemplazado antes a Villa Nougués para evitar que eso sea leído como un traspié en materia de gestión. Sostener a un ministro en medio de las críticas en su contra es una práctica muy común en los gobernantes, pero no por eso la mejor.
El saber dar un giro cuando las cosas no funcionan es un acto de grandeza que muchos políticos temen hacer en casos muy notorios como este.
¿Podrá Roque Mascarello mejorar la alicaída gestión que terminó ayer? Eso es imposible predecirlo ahora, pero seguramente contará con un poco más de aire que su antecesor, que era fuertemente criticado por distintos sectores.

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