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En estas fiestas hay alguien que no brindará; seguramente serán muchos, porque el abuelo de Brian tampoco lo hará; al igual que los padres del niño de Flores, ni sus hermanas, ni su tía, ni sus amigos, ni sus compañeros, ni sus vecinos. Ocurre casi todos los días en cualquier ciudad de un país acostumbrado al escenario de violencia atemorizadora y esclavizante. Siempre hay alguien que se queda sin brindar. La vida es efimera, ante la indiferencia de las autoridades, la espalda de la Justicia, cuyos pasillos están desbordados por la multiplicidad de causas.
Pero hay algo que duele y que demuestra la falencia del sistema: los delincuentes ganaron las calles y perciben la facilidad y permisivilidad, de aquellos que tienen que dictar sus condenas. Asaltan y matan con total impunidad, la vida de los otros, depende de ellos. La razón, desde un auto, pasando por celulares, monederos y bolsos.
Ayer, el principal sospechoso de la muerte de Brian, de 14 años, rápidamente fue capturado en Chile, desvirtuando aquella frase del notable criminalista francés Edmond Locard que dice: "el tiempo que pasa es la verdad que huye". Aparentemente quería llegar a Perú, pero ni Pérez Corradi fue tan custodiado en su traslado de vuelta. ¿Para qué? se pregunta la gente si después salen en libertad.
En el país de la "grieta" el sol sale para todos, pero lamentablemente la vida es patrimonio de asesinos cada vez más jóvenes; además de fríos y despiadados.

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Sección Editorial

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