"Señora, ¿cuándo van a cortar el pasto?". Con la casaca del Bacelona puesta, el niño aborda a María Eugenia Bouhid, una de las vecinas más comprometidas con las necesidades de Ciudad Valdivia. "Pronto, pronto", le contesta ella y lo ve irse, pelota en mano, revestido de su fantasía "messiánica". Lo siguen tres changos más. A un metro, un chico de corta edad se hamaca sentado sobre uno de los pedales pertenecientes a un juego de la salud, ideado para tonificar las piernas. No hay tobogán, hamacas ni subibaja para niños en la 2 de Mayo, la plaza de un barrio compuesto por 615 viviendas y entregado hace nueve años.
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Una niña al lado de los pastizales, en un barrio que no tiene plaza. Javier Corbalán
Una niña al lado de los pastizales, en un barrio que no tiene plaza. Javier Corbalán
Además los dos espacios verdes de Ciudad Valdivia permanecieron cubiertos por yuyos de casi dos metros durante el receso escolar. Aunque uno ya fue desmalezado, el 29 de febrero pasado por la Municipalidad, un amplio sector del otro, de propiedad del Instituto Provincial de la Vivienda (IPV), continúa intransitable.
Este terreno, ubicado en frente de la manzana 779 C, está reservado para una escuela; pero, según los vecinos, hoy alberga un nido de víboras. Al parecer los ofidios encontraron su nicho en un hueco profundo, ensanchado por un árbol de gran porte del que actualmente solo quedan las raíces.

El temor
"Las yararás andan de a dos", advierte María Eugenia, que le pide a gritos a Carlos Alberto Galván, otro vecino, que no se meta en el predio. Él no obedece y los pastos le rozan la cintura; sin embargo, no avanza hasta el hueco donde, ellos presumen, habitan las víboras.
"Aparecieron en varias casas, la mía incluida. Algunos dicen que no son yararás, sino saperas; pero miden más de un metro", dice María Eugenia y muestra una imagen que lo prueba (ver foto).
El terreno queda enfrente de una finca a la que bordea una acequia. También por estos canales que conducen agua para regar los cultivos andan los sapos y las víboras. Después de la terrible experiencia de haber hallado una yarará en su cuarto, María Eugenia se desahoga con El Tribuno: "Me siento perseguida, tiro fenelina por todos lados. Entro a la pieza donde la encontramos y tiendo las camas con miedo. Ante cualquier movimiento me sobresalto".

La solución
Hace pocos días los vecinos leyeron en la página web del Gobierno de Salta que el secretario de Ambiente de la Provincia, Federico Casas, se había reunido con el presidente del IPV, Sergio Zorpudes, para trabajar en el desmalezado de los terrenos pertenecientes al Instituto. Justamente allí se enunciaba la acción conjunta de los dos organismos para la limpieza de los espacios verdes, por ello Bohuid y Galván cuestionan que les hayan limpiado un terreno y al otro le hayan cortado el pasto en un solo sector.
"Además dejaron todo el pasto amontonado en los extremos y tuvimos que juntarlo los vecinos. Pero lo que más nos preocupa es que ya nos advirtieron que los pastizales de la finca no los pueden cortar porque son privados", dijo Galván.
Allí entre el denso pasto la basura se reproduce pródiga. Las malezas quedaron aplastadas por electrodomésticos estrellados, estructuras de muebles y autopartes. "Vienen los carreros con escombros desde Limache y otros barrios, y arrojan todo acá", señaló Galván.
También los vecinos de las manzanas 750 A y B, cuyas casas dan hacia la avenida Mera Figueroa, deben padecer el amontonamiento de desperdicios e incluso de animales muertos.
"Nosotros somos felices viviendo aquí. El barrio es hermoso. Por eso no comprendemos por qué se supone que debemos aguantar tanta basura. Cuando entramos a vivir en esta zona éramos conscientes de que los primeros meses iban a aparecer alimañas por haber tantas fincas alrededor, pero eso no ocurría y ahora sí. Además entendemos que hubo cambios de gobierno, que este verano fue muy lluvioso y que la mugre que hay en nuestro barrio -porque los vecinos no toman conciencia y no saben cuidar nada- predispone a la aparición de los bichos. Pero aun así, nos gustaría una solución definitiva", concluyó María Eugenia, quien también reclama el barrido de calles para un barrio capitalino que corresponde a la categoría 4.

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Sección Editorial

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Renzo Plaza
Renzo Plaza · Hace 8 meses

No hay que matar estas víboras porque rompen el equilibrio ecológico. Despues se preguntan por qué hay muchas langostas, o muchos alacranes etc, etc. Lo mejor es levantarlos y soltarlos en un lugar alejado.

Monica Cassels
Monica Cassels · Hace 8 meses

Tienen toda la razón Pedro Laime y Cosme Fulanito: Podrían juntarse los vecinos un domingo, y en un par de horas, entre todos desmalezan el predio. Y hay que enseñar a la gente a distinguir entre víboras y culebras, algo que EL Tribuno bien podría hacer desde sus páginas. La bella culebrita de la foto es, efectivamente, una 'sapera', y si bien parte de su dieta consiste en anuros, también come ratas y lauchas, e incluso insectos, con lo que al matarla se mata también a un ser útil a la comunidad.

PEDRO LAIME
PEDRO LAIME · Hace 8 meses

dedicar un día al desmalezado no estaría mal, creo que nadie trabaja todos los días las 24 hs, y no esperar que crezca el monte hasta el techo favoreciendo la proliferación de alimañas, porque vivir en COMUNIDAD es dar un aporte por parte de cada vecino para tener un lugar MEJOR...

PEDRO LAIME
PEDRO LAIME · Hace 8 meses

dedicar un día al desmalezado no estaría mal...no hay que esperar que el pasto llegue al techo y a que salgan las alimañas... creo que nadie trabaja las 24 hs... y en un barrio vivir EN COMUNIDAD es aportar por parte de cada vecino un esfuerzo para tener un lugar mejor...

clon clon
clon clon · Hace 8 meses

PERO NO DEJAN DE SER VIBORAS

korolev Serguei
korolev Serguei · Hace 8 meses

vos no dejas de ser boludo


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