Amado "Puma" Barrios es un luchador social que dedicó su vida a colaborar con distintas instituciones y grupos culturales. Albañil de oficio, ahora está desocupado y vive de algunas changas. Pero su gran desafío es lograr la recuperación de su hijo Gustavo, quien desde hace dos años está en silla de ruedas. A Barrios hoy le toca levantar la bandera de lucha por la rehabilitación de su hijo y su esperanza es llevarlo a Cuba para un tratamiento complejo.
"Pude hacer una interconsulta con un médico cubano y me dio muchas esperanzas, por lo que como padre haré todo lo que esté a mi alcance", aseguró.

Ayuda de la gente
Gracias a un bono solidario y a la colaboración de la comunidad, reunió $128 mil pesos. "Pero el tratamiento durante cuatro meses tiene un costo de 400 mil", explica convencido de que podrá llegar al objetivo.
La rehabilitación está programada en La Pradera, un centro de internación de salud en La Habana, en el que un equipo interdisciplinario atiende a cada paciente 6 horas diarias, según señala. "No solo tiene como objetivo recuperarlo físicamente, sino también anímicamente", sostiene este papá que no se resigna frente a la discapacidad que postró a su hijo a una silla de ruedas.
Pocas opciones
El norte provincial carece de un centro de rehabilitación de alta complejidad acorde a las necesidades de este tipo de pacientes. "Llegar hasta el hospital Fleni, en la Capital Federal, es inaccesible económicamente. Si hasta es más barato ir a Cuba", remarca Barrios.
Y cuenta: "En este peregrinar he conocido historias de vida de muchas personas que sufrieron algún tipo de accidente producto de la imprudencia o de la inseguridad, y ninguno llega a tener acceso a una atención medica por falta de recursos de profesionales o instituciones idóneas".
"Estamos abandonados en ese sentido", dice con dolor.

El accidente
Gustavo Barrios tiene 36 años, es profesor de educación física y hasta antes del accidente ejercía su profesión en el Centro Preventivo Asistencial Tinku. Nació un fin de año, el 31 de diciembre de 1979, a las 23.45, y la fatalidad quiso que el día que cumplía sus 35 años, a la misma hora, su vida cambie radicalmente.
En una jugada del destino, el Pumita quedó postrado y sin posibilidad de recuperar la motricidad, según los diagnósticos de los médicos.
Pero su papá piensa lo contrario y está convencido de que puede recuperarse. Por eso se puso en contacto con los centros cubanos donde están los especialistas. Para el tratamiento de rehabilitación en ese país el presupuesto es de $400 mil. Al monto que ya obtuvo con el bono le suma otros $80 mil en concepto de donaciones, pero aún le falta para alcanzar el total.
Nada detiene a este padre que asegura: "No descansaré hasta poder viajar con mi hijo e intentar todo para que vuelva a caminar".

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