Así como en diciembre pasado se acabó el cepo cambiario, hoy se puede afirmar que se acabó el default argentino. Fue proclamado en 2001 y con soluciones parciales en 2005 y 2010 (reestructuraciones). La última parte se terminó ayer con el pago a los bonistas más duros que prefirieron litigar y obtener el valor nominal de los bonos más intereses (se pagaron cerca de US$ 9.300 millones).
No importa si los holdouts (bonistas que no entraron en los canjes anteriores) eran bonistas originales que tenían los bonos desde antes del default, o bien fondos buitres que los compraron luego del default a precios irrisorios para obtener ganancias sustanciales. Lo importante es que había una sentencia en firme que obligaba a Argentina a pagarle a todos (una deuda que Argentina pidió), y que para reincorporarnos al mundo, debíamos cumplir esa sentencia donde un juez (que Argentina eligió) había dictaminado que a las deudas hay que pagarlas. Si bien quedaron todavía algunos bonistas sin cobrar (no aceptaron la solución acordada entre Argentina y el mediador Pollack) son mínimos y después de este arreglo judicial, pierden toda fuerza para continuar litigios.
¿Nos sirve como país este arreglo? Por supuesto que sí, volvemos a ser un país normal, que si pide dinero prestado, tiene que tener la responsabilidad de devolverlo. Igual que usted en su casa, con su familia o bien con su empresa.

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