Los vecinos de Tartagal celebraron la semana pasada no solo su 92§ cumpleaños sino la llegada de dos nuevas autobombas de fabricación estadounidense y gestionadas entre el cuerpo de Bomberos Voluntarios, Defensa Civil y la Municipalidad.
Este fue un gran acontecimiento, por lo que significa contar con este equipamiento de última generación para protección de las personas en casos de siniestros.
La primera autobomba que tuvo Tartagal fue adquirida por un inmigrante palestino que la donó a aquel primer cuerpo de bomberos de la ciudad.
Y tal como ocurrió hace unos días, la llegada de esa primera autobomba al pueblo fue un gran acontecimiento para los vecinos de aquel entonces.
Españoles, sirios y libaneses fueron la mayoría de los inmigrantes que llegaron al norte de Salta, zona que en esos tiempos se confundía con el sur de Bolivia. Ellos, junto a los criollos, fueron poblando y desarrollando lo que con los años se transformó en los pueblos de Salvador Mazza, Aguaray, Tartagal y General Mosconi.
También llegaron otros inmigrantes de Oriente Medio en condiciones económicas un tanto más favorables que la mayoría, pero que como el resto escapaban de la guerra y con los últimos centavos pudieron comprar un pasaje en barco que los dejara en el nuevo continente con la esperanza de encontrar una vida mejor.

Desde Palestina

Ejemplo de ello son dos hermanos que nacieron en Palestina y, al igual que sus esposas, nacieron en Belén. Hace 90 años -en 1916- , y con 20 años recién cumplidos, Basilio Sabha decidió embarcarse hacia Sudamérica. Llegó al puerto en Buenos Aires, siguió su viaje hacia el norte y llegó hasta Bolivia, donde comenzó a trabajar en la explotación maderera.
Años antes habían llegado algunos "paisanos" de su misma nacionalidad que se habían dedicado a esa actividad. Algunas características de la zona, como el clima y su gente, le gustó a Basilio y se dispuso a traer consigo a dos de sus hermanos menores.
Regresó a Belén donde todavía vivían sus padres y sus hermanos, entre ellos Jorge. Seguramente le habló con entusiasmo del lugar que había encontrado al otro lado del mundo y donde todo estaba por hacerse. Jorge decidió acompañarlo y viajar hasta América del Sur, pero antes pasaron unos pocos años más en Belén, ese lugar milenario y tan caro a la cristiandad.
En ese período, los hermanos Sabha se conocieron con dos jovencitas, tía y sobrina entre sí, llamadas Wadia y Sultane.
Basilio se enamoró de la primera Jorge de la sobrina, ambas de apellido Zarzar. No pasó mucho para que ambas parejas se casaran en la iglesia de la Natividad, en el pueblo donde habían nacido. Así, los dos matrimonios emprendieron viaje hacia el nuevo continente, ese lugar tan lejano del que Basilio les hablaba maravillas.
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<div>El negocio de los hermanos Sabha, en la esquina de Alberdi y Rivadavia.</div>
El negocio de los hermanos Sabha, en la esquina de Alberdi y Rivadavia.

Una dote y posibilidades

Wadia y Sultane, las flamantes esposas de los hermanos Sabha, habían estudiado en un colegio de tradición francesa, por lo que se distinguían por su cultura y formación. Por una costumbre propia del pueblo palestino, los recién casados no recibían regalos como en occidente, sino que la familia obsequiaba monedas de oro, algunas de las cuales se colocaban en el vestido de la novia. Esa dote conformaba el patrimonio de las nuevas parejas y fueron de tanta utilidad que, apenas llegados a Tartagal, instalaron un comercio en el pueblo de calles de tierra al que ya comenzaban a llegar inmigrantes de diferentes países.
En 1932 los hermanos Sabha abrieron el local en la esquina de las actuales calles Alberdi y Rivadavia, frente al predio donde hoy es, nada menos, que la actual plaza San Martín.
El día de la inauguración de "Casa Sabha", sus propietarios organizaron una gran celebración de la que participaron numerosas familias del pueblo.
Ambos hermanos realizaban su actividad en el negocio de ramos generales, pero con el tiempo comenzaron a incursionar en la explotación de la madera. Adquirieron por poco dinero, ya que el valor de las tierras de aquel entonces era ínfimo, grandes extensiones de campo y se creó un importante establecimiento de más de 7.000 hectáreas, ubicado al este de Tartagal. Los principales clientes y quienes adquirían la mayor parte de la madera eran grandes industriales de la provincia de Mendoza.

Participación social

Los hermanos tuvieron una activa participación en todo el quehacer de la comunidad, en especial Basilio que fue presidente de la Sociedad Sirio Libanesa, miembro del Centro de Comerciantes y benefactor de los bomberos voluntarios.
Tartagal tenía la necesidad de contar con un vehículo para sofocar incendios, pero era muy oneroso. Pero Basilio viajó a Buenos Aires, adquirió una autobomba que luego trasladó a Tartagal y la donó a la Asociación de bomberos voluntarios. Su actitud deja en evidencia que, además de haberse convertido en un empresario económicamente fuerte, era un vecino generoso y agradecido.
Basilio y Jorge tenían un hermano menor que era artista plástico, Tomás, quien estaba en Palestina. Pero atraído por sus hermanos decidió emprender viaje hacia la Argentina. Él prefirió quedarse en la ciudad de Salta donde dejó dos de sus obras: un cuadro y una cruz de nácar que donó a la Iglesia Ortodoxa San Jorge.
Basilio y Jorge siguieron en el norte con sus emprendimientos. Compraron un amplio terreno también frente de la plaza San Martín que luego vendieron a otro inmigrante de apellido Amat, el mismo que construyó en ese lugar el tradicional Hotel Espinillo.
Son historias de fuertes hombres de trabajo, convencidos de que el esfuerzo siempre da sus frutos y que eligieron este rincón del planeta para establecer su descendencia.

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Sección Editorial

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nora romero
nora romero · Hace 5 meses

Bellisima historias que merecen ser compartidas, gente de trabajo, de valores, de sacrificios!!! un orgullo salteño la Familia Sabha!!!


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