El despido, particularmente expeditivo, de Alfonso Prat Gay priva al gabinete de Mauricio Macri de un economista cuyo reconocimiento internacional es comparable o superior a las que exhiben Domingo Cavallo o Roberto Lavagna, pero que nunca llegó a disponer del poder y el protagonismo de estos últimos cuando les tocó ser ministros.
A su pesar, nunca fue superministro.
A despecho de las opiniones de muchos expertos, quienes consideran que la distribución del área económica entre varios ministerios es contraproducente - es lo que opina también Prat Gay -, ayer el presidente introdujo una cartera más. Nicolás Dujovne, su sucesor en el área de Hacienda, curiosamente, piensa lo mismo.
En un año crucial por las elecciones legislativas y por los cambios en la economía global que generan la crisis brasileña, la incertidumbre europea y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la designación de Dujovne parecería indicar que el presidente va a dar un paso en dirección al ajuste sin gradualismos. O hacia un "gradualismo más rápido"
Dujovne es un teórico mucho más ortodoxo que Prat Gay. Es lo que se deduce de las definiciones del flamante ministro y de los fundamentos del despido de Gisela Constantini de Aerolíneas. A la funcionaria le facturaron dos cosas: falta de medidas enérgicas en el seno de la empresa y escasa afinidad con el núcleo duro del macrismo. Dujovne es "más Pro".
Pero el flamante ministro tiene otra cualidad: es cuñado y ex socio de Moisés Yellati, asesor de campaña y hombre muy cercano a Donald Trump. El presidente electo asumirá dentro de 24 días y está decidido a revolucionar los vínculos comerciales de EE.UU. con el mundo. Esa oleada también llegará a la Argentina.
Por otra parte, la designación de Luis Caputo en Finanzas consolida al exitoso negociador con los holdouts, que es, además, primo del empresario Nicolás Caputo, íntimo amigo de Macri.
Dentro de la sorpresa que generó la noticia, queda el interrogante acerca de la naturaleza de la decisión; es decir, no se sabe a ciencia cierta si el equipo político le "hizo la cama" al talentoso economista que no sienten ni es "propio"
No cabe engañarse: Prat Gay acreditó logros sobrados como para seguir en el puesto: condujo la salida del cepo cambiario, la negociación con los holdouts y el exitosos blanqueo fiscal. Su última actividad en el cargo fue la firma del acuerdo con el embajador de Estados Unidos, Noah Memet, y el recaudador Alberto Abad, para controlar las cuentas de argentinos en aquel país.
Todo indica que las idas y venidas que se vivieron en diciembre con el impuesto a las Ganancias dejaron malparado políticamente al egresado de la Universidad de Pensylvania, ex JP Morgan y ex presidente del Banco Central.
Su ausencia en las negociaciones sobre el proyecto que él mismo había elaborado y cierto enojo presidencial con ese texto serían una razón, que no alcanza para explicar definitivamente la expulsión de Prat Gay del gabinete.
El tema central es la cuestión de fondo. Si bien un superministro de economía puede ser un problema, la división del área en siete ministerios, a los que se suman la presidencia del BCRA y de la AFIP, suponen una fragmentación de riesgo, incluso si Macri quiere manejar personalmente la economía y contar con un ministro de Finanzas de su riñón y otro de Hacienda que se convierta en interlocutor de Trump.


¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia

Debe iniciar sesión para comentar

Importante ahora

cargando...