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Santiago y Aldo López Ceballos tienen más de 70 años. Se criaron en Villa Chartas y hoy son los que sostienen la tradición heredada de su mamá, de hacer el pesebre en la casa materna. "Aunque no venga nadie, nosotros vamos a seguir haciendo todos los años al pesebre, para cumplir con el Niño Dios", aseguran los hermanos, quienes se sorprenden y alarman al contarle a la periodista que son pocos los chicos que visitan su creación. Más que nada, cuentan, son personas grandes, del interior de la provincia y turistas a los que les llama la atención hacer lo que ellos hacían cuando eran chicos: recorrer pesebres en los barrios.
María Marciana Ceballos, mamá de Santiago, Aldo, José y Blanca, es la que inició todo. Sus hijos, Santiago y Aldo, a cargo del pesebre sobre el pasaje Anta, cuentan que ella empezó a armar y que toda la familia participaba. Incluso otros vecinos se sumaban. "Nosotros, desde chicos, recorríamos los barrios visitando los pesebres. Salíamos a la tarde en grupo y regresábamos a la noche. Cantábamos en cada pesebre con otros más. Incluso en nuestro barrio había varios y los visitábamos para ver cuál era el mejor", contaron los hermanos.
El pesebre de la familia, con más de 60 años de permanencia en el barrio, cobró prestigio cuando ganó en la década del 70 un concurso de pesebre en al ciudad. "A ese premio lo recibió mi mamá y eso hizo famoso este pesebre", comentó Santiago, quien junto con Aldo recodaron que cuando ella falleció les encomendó que sigan con la tradición del pesebre en su barrio.
Los hermanos comienzan con los preparativos entre septiembre y octubre. Primero se trata de armar la estructura con tarimas y cajones; luego trabajan sobre el tablero eléctrico y las luces del pesebre, que tiene más de 200 focos y más de 300 metros de cable. Avanzan desde el cielo, o sea desde el fondo del pesebre, hacia adelante. La última pieza en colocar será el Niño Dios, que ocupará su pequeña cama a partir del 25 de diciembre.
"Nosotros tenemos nuestro estilo y la técnica que aplicamos es la del papel misionero. Le vamos dando forma para armar la estructura del pesebre, los refugios, el establo y parte de lo que es la ciudad de Belén. Todo muy propio de un pesebre bíblico", describieron.
Utilizan varias planchas de musgo que de a poco consiguen, le agregan plantas y también trabajan en efectos con luces y sonidos para recrear el nacimiento del Niño Dios. Piezas de todos los tamaños se disponen a lo largo y ancho de esta escenografía. Muchas heredadas de su madre y que ellos mismos restauran para que perduren.
A la dedicación, paciencia y amor por esta obra, le ronda una preocupación. Cada vez hay menos niños que visitan el pesebre. "Es una pena que esto se pierda porque es una tradición familiar, del barrio. Nosotros invitamos a las familias a que nos visiten", expresaron.
Para los hermanos armar el pesebre significa renovar una tradición familiar, pero también se trata de cobijar al Niño Dios, a quien consideran su gran protector y benefactor de gracias.

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